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martes, 30 de noviembre de 2010

BUDA ESTA PRESENTE AQUÍ. KATMANDÚ (III)



Hoy nos recibió el lama superior de la comunidad nepalí que habita el Monasterio Blanco, cerca de la gran Stupa de Boudhanath, dicen la mayor del mundo. Me saludo y me deseo “que fuera feliz y que hiciera crecer el divino que va dentro de mi”. Me emociono su sencillez. Después charlar un rato con los monjes más jóvenes y abandonar el monasterio callejeando por los alrededores entre peregrinos y monjes venidos de todo el mundo, me encuentro la enorme Stupa de Katmandú.

Me situé en la rueda de la stuppa, llevado por la fuerza de la corriente, comencé a rodearla como hacen los peregrinos, siempre en el sentido de las agujas del reloj. El gentío concentrado a mi alrededor me empujaba a caminar siempre bajo el sonido de los cantos a Buda. Desde lo alto de la stuppa, sus ojos nos miraban a todos, enseñándonos el camino de la luz. La campana sagrada suena intermitente con los sones de los peregrinos y de fondo, se eleva el canto de los monjes en el monasterio. Buda acoge a todos sus fieles.

Salto de la rueda, parado en la acera miro el frenético girar de lo peregrinos orando. Asisto en silencio a una ceremonia sin igual. Descansa mi vista en los ojos de Buda buscando el sentido a tanto frenesí. No lo encuentro. Los fieles siguen girando y a cada giro un instante, una campanada, un sonido que despierta mis sentidos. Sigo sin encontrar la lógica. En uno de los países más pobres del mundo, la mayoría de la población se pasa las horas orando en templos y stuppas, implorando a sus dioses algo que parece que estE solo en las manos de los hombres: devolver la dignidad y la esperanza a cada uno de los pobres de la tierra.

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