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miércoles, 2 de marzo de 2011

PARQUE NACIONAL TORTUGUERO. COSTA RICA (II)

Se abre el mar en largos brazos, estruendos se escuchan en la mañana que anuncian unos bravos océanos enfurecidos, es el Caribe que aquí no es turquesa sino bronco y rudo en sus envestidas sobre la arena. Sopla el viento con fuerza que quiebra las ramas más tiernas del bosque y las arrastra el oleaje mar adentro.

Se funden en el río los colores de la tierra, el azul intenso del horizonte lejano con la borrasca que nos azota en el sucio cristal del río se reflejan. No se alcanza a ver el fin. Los “quitos”, agricultores locales se afanan en sacar vida a este lodo angustioso, nos saludan en la orilla. La barca se encalla y de agua a la cintura embutidos arrastramos nuestro miedo por el barro, acechados quizás olidos por caimanes y pirañas.

Apenas divisamos vidas detrás del bosque, no se sienten gritos de niños en la espesura, ni olor de hogar de chimeneas, solo garzas, garcetas, cigüeñuelas y caimanes que asoman sus hocicos en el agua y arrastran su rastro de muerte por la barra de la arena.

Es el río Tortuguero que no duerme, es el bravo río que no está dormido. Al llegar al pié del cerro Tortuguero los monos aulladores no miran inquietos. De los árboles llueve el agua que dejó la tormenta y en su base descubrimos la “Blue Jeans” (Dendrobates plumilio”), una minúscula ranita que rebosa veneno por su piel y que sería capaz de paralizarnos en segundos.. Los mosquitos, enjambres que infectan el aire y apenas nos dejan respirar se ensañan con nuestra piel. Ascendemos el cerro pesadamente, las botas se hunden en el fango y vamos perdiendo el ánimo en el intento, las iguanas verdes (Iguana iguana) se refugian debajo de las palmas de la humedad. Arrasa de nuevo la lluvia, el calor es insoportable. Huimos de la serpiente terciopelo enroscada sobre las ramas de los árboles, un trogón ( Trogon Massera) levanta el vuelo a nuestro paso cuando ya estamos coronando.

Allí arriba vemos el mar destrozar la orilla, el vendaval que se aleja moviendo el dosel del bosque como una niñera complaciente, la aves que levantan el vuelo asustadas y el río, sucio, marrón oscuro sobre el verde escenario, que nos vigila. Un sueño más cumplido, un hito alcanzado, un nuevo lugar en blanco en mi imaginación que hoy acabamos de conquistar, “el famoso río Tortuguero y su cerro lluvioso” en las selvas más intrincadas de Costa Rica.

Tenéis un enlace sobre el PARQUE NACIONAL BRAULIO CARILLO

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