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jueves, 16 de febrero de 2012

EL RIO JORDAN Y EL CRISTIANISMO.JORDANIA (III)

Dicen que cuando Jesús de Nazaret cumplió 30 años, abandono su pueblo y su casa y se fue a Betania donde un tal Juan el Bautista, el único profeta nombrado por las tres religiones monoteistas,  andaba bautizando a millares de personas. Allí lo bautizó y allí, parecer ser,  una paloma blanca descendió de los cielos y la voz de trueno de su padre dijo aquella celebre frase de que "este es mi hijo más amado". En fin, que una nueva era comenzó para el mundo cristiano. De aquel río de aguas claras donde la muchedumbre se acercaba para conocer al primo de Jesús, hoy solo queda un riachuelo sucio y de color barro que divide dos culturas y dos pueblos, al norte los judíos de Israel, al sur en tierra de libre culto, las mil y una representaciones de los cristianos.

Me acerqué hasta el lugar bajando de otro lugar bíblico, el Monte Nebo, para ver de cerca e imaginar como fueron aquellos días, me acerque hasta Betania más allá del Jordán y descubrí como un simple arroyo de menos de dos metros de ancho separa dos mundos, tan cercanos y tan diferentes. A un lado un sacerdote católico cantando misa para una decena de fieles franceses vigilados de cerca por un guardia armado. Al otro, en tierra judía, un grupo de protestantes ingleses bautizándose y cantando de gozo. Entre ellos dos metros, pero ni unos ni otros se miraban, los únicos que se miraban eran los soldados israelitas y jordanos. Toque el agua, observe la escena y me marche pasando por en medio de la misa del cura francés.

Hasta llegar allí media docenas de iglesias, cada una de ellas levantadas en tierra santa por alguna confesión. La primera  y más opulenta erigida por un senador ruso, imagino que ávido por lavar sus pecados. Jordania concede tierras para levantar iglesias al lado del Jordán a cambio de turistas. No sentí nada al pasar, ni al regresar. Imagine que mi condición de católico antiguo me traería alguna sensación, pero no fue así.

Me senté a la entrada del "parque" , para entrar allí tuve que pagar unos 15 euros al cambio, me pedí un café y reflexioné. Había visto el regazo de río donde presuntamente se inicio el cristianismo, había ido a ver el lugar donde  El Bautista, al que Herodes cortó la cabeza y el que fue capaz de llevar esa religión hasta sus más remotas consecuencias  y sin embargo, tenía la impresión que había salido de un parque de atracciones del cristianismo donde todo tiene un precio y las emociones se venden como en la taquilla del Dragon Khan.

Y eso es todo lo que voy a contar de esta experiencia de mi paso por el río Jordán, donde un día miles de personas creyeron que un nuevo mundo iba  a cambiar su suerte.

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