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miércoles, 19 de agosto de 2015

CAMBOYA(I). VOLVIENDO A SIEM REAP




La primera vez que vine, me perdí con una moto por la callejuelas de la ciudad, hoy sería imposible perderse, el turismo ha transformado esta ciudad que hace 1.000 años tuvo más de un millón de personas, hoy la Unesco y sus templos la han transformado en un ciudad salvaje un par de meses al año, sobre todo en agosto cuando llegan los turistas españoles.

Una vez en la ciudad antigua vemos como raíces gigantescas atrapan entre sus tentáculos templos enteros. Piedras bruñidas por el tiempo emergen entre los misterios de la selva. Las Apsaras, las concubinas que bailan por todos los rincones con sus pechos al aire ajenas al bullicio, las piedras que se desmorona de las antiguas pirámides, las caras bruñidas que miran desde altas torres.Es Angkor, la antigua capital real de Camboya. Ocho siglos de historia de Indochina esculpidos en columnas, estupas, frisos y relieves. La grandeza de un imperio desconocido para Occidente que desplegó cultura, arte y civilización por gran parte del sudeste asiático y que hoy no deja de maravillarnos a todos los que llegamos hasta aquí.

Angkor es uno de los pocos lugares a los que recomendaríamos encarecidamente ir al menos una vez en la vida. Y volver, como yo cada vez que se pueda, aunque hay días que las masas de visitantes atestan los restos arqueológicos hasta el punto de que lo árboles no dejan ver el bosque. Aun así, nada rompe el encantamiento que te queda tras la visita a un lugar único en el mundo. Porque por su tamaño –unos mil restos arqueológicos- , por ubicación – en mitad de una selva tropical- y por su calidad escultórica y constructiva los templos de Angkor pueden ser considerados como una de las maravillas de la Antigüedad, a la altura de las pirámides de Egipto o las grandes ciudades pétreas de Perú y México. Seguro no les miento, es algo grandioso, ni las fotos pueden hacer mérito a lo que allá se van a encontrar, ajenos al turismo, ajenos a la muchedumbre y lo vendedores, Angkor y sus templos continúan sumando años a su leyenda.

Siem Reap tiene aeropuerto internacional, hoteles de lujo, buenos restaurantes, calles asfaltadas, joyerías y tiendas de souvenirs con aire acondicionado, discotecas que revientan tímpanos al lado de teatros que ofrecen bailes de pasaras y focklore popular y como no, tambien salas de masaje de nuevo cuño mezcladas con las de turismo sexual de toda la vida, que como vemos, esta dirigido por las oligarquias locales. Un oasis en uno de los países más pobres del mundo al que medio siglo de masacres y guerras civiles arruinaron por completo y del que vemos las cicatrices si paseamos por sus polvorientas calles  hablamos con sus hombres y mujeres.

Y en la vieja ciudad, hay censados 35 grandes templos y hasta un centenar más de construcciones religiosas menores y casi un millar de otras pequeñas ruinas que describen la evolución del imperio jemer entre el año 800, del que datan las primeras construcciones, hasta su misteriosa desaparición en el siglo XV. Angkor no fue solo un enorme recinto religioso. Era una ciudad completa, capital de un reino poderoso. Pero solo los templos, levantados en piedra tallada, sobrevivieron. El resto de edificios y palacios, hechos de madera, desparecieron con el tiempo.

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