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viernes, 4 de noviembre de 2016

NAVARRA: EL BELLO OTOÑO DE LA SELVA DE IRATI

Ya hablamos hace un par de años de la Selva de Irati, en aquel momento la visitamos con las últimas hojas del otoño, y por la zona de Otxagavía,  esta semana la hemos visitado con los colores ocres del otoño primerizo, cuando no han caído todavía las primeras lluvias y el frío de la mañana todavía no hiela la hojarasca por el valle de Irati. Lejos aún de buscar castañas asadas para calentarnos las manos, más lejos aún de recojer setas, pocas y casi todas vanas, y aún lejos de las alfombras rojas,  pero aún así, maravíllense con las fotos y las bellas estampas de este otoño.

La Selva de Irati es el segundo hayedo abetal más grande de Europa, el primero es la Selva Negra alemana. Eso si, es el mejor conservado de Europa. Una inmensa mancha verde de unas 17.000 hectáreas que se mantiene en estado casi virgen. Se encuentra situada en el Pirineo oriental navarro, en una cuenca rodeada por montañas y en la cabecera de los pirenaicos valles de Aezkoa y Salazar. Hay hayas con de más de 60 metros que ni entre 6 personas las pueden abrazar. En sus troncos, auténticos biotopos vivientes, crecen helechos, líquenes, musgos y una variedad micológica importante. Estamos en la Selva de Irati y el bosque nos huele a antiguo, a viejas sendas, a leñadores, a ganadores y sus animales, pero sobre todo huele a naturaleza viva. Aquí la estación luce en su máximo esplendor y mis compañeros me insisten en todo momento que para sus cámaras es "imposible captarla magnificencia del lugar. Y eso que este años los rojizos todavía no han llegado y con el frío que cae ya se irán bien pronto.

Mientras disfrutamos de parajes como éste, les explico a mis compañeros como Von Humboldt nos explico no hace mucho que todos estamos conectados en la naturaleza y que uno solo de estos árboles que nos faltara, haría desaparecer todo un nicho. Para demostrármelo un pico picapinos negro nos repiquetea sobre una haya, un bando de cientos de grullas atraviesa el hayedo y un tejón huye temeroso a nuestro paso. Instantes mágicos que solo puede ser posible con la comunión de todos los seres vivos que habitamos y visitamos esta maravilla natural. Tupidos hayedos con robles incrustados, pastizales donde pastan vacas yeguas de raza Burguete, abetos puntiagudo y frescas aguas, escasas para las fechas pero que ayudan a pintar ese paisaje singular de colores vivos.

Hemos hecho un buen reportaje de fotografías de la visita que os dejo en este enlace, pero nos quedamos con las caras de nuestros viajeros que nos han hecho disfrutar mucho de esta semana en Navarra.


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