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martes, 28 de febrero de 2017

ESPAÑA: RESERVA DE LA BIOSFERA.LA PALMA


Hoy nos adentramos en el bosque de laurisilva de la Isla de La Palma. Parte de uno de estos bosques fue declarado por la Unesco en 1983 como Reserva de la Biosfera: es la finca de El Canal y de Los Tilos. Este bosque de laurel, barbusano, viñatigo y fayas no se ha de recorrer una sola vez, se ha de pasear durante todas las épocas del año para sentir el arrullo de las palomas rabiches en celo, o el sonido del agua al desprenderse de los enormes helechos en primavera o simplemente, para observar los matices de las sombras y el escaso sol que lo penetra en los largos atardeceres del verano. La humedad se nos cuela por todos las costuras y el suelo se funde en nuestros pies, pero la sensación de bosque primigenio nos asalta constantemente y hace que valoremos doblemente este encuentro con la naturaleza.

San Andrés, es el mar y el clima ecuatorial unidos en un trozo de tierra para hacer el marco de uno de los municipios más hermosos de todo el archipiélago canario. Desde el barrio costero, este pueblo se pierde, más tarde, entre barrancos y por sus laderas sopla el alisio con fuerza llevando humedad a todos los rincones que la naturaleza, convierte y transforma en enormes bosques de

Bajaremos de Los Tilos para adentrarnos en el municipio de Los Sauces donde el conquistador catalán dejo su huella. Se adora en este rincón palmero la imagen de la Virgen de Monserrat, “la moreneta”. En la iglesia que lleva su nombre, existe una tabla flamenca con orígenes en el siglo XVI que detalla con maestría la montaña de tosca que se eleva en los alrededores de Barcelona. Dejando el municipio viraremos rumbo al mar para encontrarnos con las plataneras que dan vida a sus habitantes. Entre paredes de cercado y verdes y gigantescas plantas de plátano, llegaremos a Charco Azul; unas piscinas naturales retalladas por el hombre que forman uno de los rincones más bellos del mar que baña La Palma. Debemos dejar el coche en el embarcadero de San Andrés y caminar hasta las piscinas si bien antes, podremos degustar en la pastelería de San Andrés algunos de los dulces como las rapaduras de leche y gofio. Pasada la cooperativa de plátanos, llegaremos a lo que queda del puerto de Espíndola, que hasta los años treinta, era el lugar de embarque del plátano y la caña de azúcar que se cultivaba en el pueblo y que se destinaba al comercio con las Indias y con Flandes. También en el núcleo urbanizado, se conserva la iglesia de San Andrés con las tallas de la Virgen de la Victoria y de la Virgen del Rosario del siglo XVII como principales obras del recinto.

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