AREQUIPA: Crónica de una ausencia en la Ciudad Blanca
El volcán Misti preside la ciudad En Arequipa, ciudad Patrimonio de la Humanidad, se padece de luz. El sillar reflecta un mediodía perpetuo que encandila los ojos cuando aterrizamos en el aeropuerto y obliga a levantar la mirada hacia el Misti, ese guardián de ceniza y nieve que preside el valle como un dios severo. Vine a esta esquina del mundo buscando un rastro de tinta, la huella dactilar de Mario Vargas Llosa en las calles que lo vieron nacer. Quería encontrar al cadete, al rebelde, al hombre que diseccionó el poder y el deseo. Pero la literatura, como la memoria, tiene sus propios altares y sus propios olvidos. A Mario lo encontré, por supuesto, en la pulcritud de los catálogos. Está encerrado con llave de oro en la fastuosa biblioteca que lleva su nombre, un santuario de miles de volúmenes donde su legado se custodia como una reliquia santa. Está en los discursos oficiales, en las placas de bronce, en las rutas turísticas que los intelectuales trazan con el dedo. El premio Nobe...





