Notas de campo de la Montaña Palentina. Osos, gatos y lobos.
| Este precioso macho de gato montés se erigió en gran protagonista de la salida. |
Es muy significativo poder “escuchar el silencio” para aquellos que vivimos en la sociedad del ruido, y en ese silencio, frente a nosotros, transcurre la vida de la montaña
“Allí se puede escuchar el
silencio”, nos comenta Tino, nuestro guía por la Montaña Palentina. Y no
tardamos en comprobarlo, apostados en una cornisa caliza a la que nos hemos
encaramado rayando el sol. Estamos en un rincón de la umbría de una de las cimas
icónicas de la comarca para hacer una espera de grandes carnívoros. Es muy
significativo poder “escuchar el silencio” para aquellos que vivimos en la
sociedad del ruido, y en ese silencio, frente a nosotros, transcurre la vida de
la montaña.
Arriba, en la divisoria de aguas,
tres rebecos cantábricos pastan con la parsimonia del que se sabe casi
invulnerable. Los ciervos, incluido un macho de impresionante arboladura, se
mueven entre los brezos y las escobas. El grupo de vacas que nos hemos
encontrado al subir, increíblemente ya están por la mitad de la ladera de
enfrente ¡Es sorprendente el camino que se puede hacer deambulando lentamente
como hacen ellas! Observar a estas especies me hace pensar en lo que me contaba
Tino, mientras veníamos en coche. En la ladera que observamos hay una formación
pétrea en forma de embudo, que se abre en la parte alta y desemboca en el fondo
del valle. Esta trampa natural es utilizada por los lobos para emboscar a sus
presas y atraparlas al final. Unos huesos que blanquean justo a la salida del
embudo certifican la historia de mi compañero. Viendo esto, se me ocurre que
nuestros antepasados debieron aprender muchas cosas observando el
comportamiento de los otros cazadores sociales del Holártico, cuando nos
aventuramos por el mundo, en nuestras migraciones fuera de África.
El lobo no se deja ver hoy,
aunque hace dos días, otro de nuestros grupos sí que lo observaron. Sin
embargo, el otro señor de la montaña sí que nos concede audiencia: el oso pardo
cantábrico.
| Un joven oso cosechero se movía de mata en mata, aprovechando la primera hora de la mañana. |
En esta época, los osos de la Palentina están al pudio y el escuernacabras y fijando nuestra atención en los rodales de estos arbustos, conseguimos localizar a dos de ellos, de forma más o menos simultánea y separados por medio kilómetro. Los dos se encuentran a una altitud semejante, que es donde la cosecha de bayas está en sazón. Uno es un gran macho adulto y el otro parece un joven de segundo año.
Con los osos ya en su encame diurno, nosotros dejamos nuestro balcón y volvemos caminando por un sendero marcado por excrementos de lobo.
El resto de la mañana y hasta el mediodía, recorremos el fondo de los valles buscando gatos monteses por los prados de siega que se abren entre magníficos robledales.
Los gatos monteses, verdaderos fantasmas en otras latitudes ibéricas, son aquí relativamente fáciles de observar, con todos los matices que queramos ponerle a esa “facilidad”.
| La gata nos deleitó con varios lances de caza. |
Ascendiendo un puerto localizamos a un gran macho muy marcado. Observar su magnífica librea con el telescopio con todos los rasgos diagnósticos impresos en ella, nos permite identificar a la especie sin lugar a dudas. Además de guapo, nuestro gato es todo un profesional: en poco tiempo, caza tres gordas ratas toperas, que tienen la desgracia de asomarse desde el interior de su segura topillera subterránea. Cada captura es transportada en la boca por el felino a la intimidad que le proporciona el lindero vegetal más cercano, para ser presuntamente devoradas. Cuando lo dejamos, el gato ha salido otra vez al campo para un cuarto acecho.
Tino, que colabora en un estudio
que se está haciendo con esta especie desde la Estación Biológica de Doñana,nos ilustra con algunos datos. Resulta que un gato montés necesita cuatro ratas
toperas diarias o su equivalente en peso (estos roedores pueden alcanzar hasta
los 200 g.). Pues nuestro gato ya lleva tres y va a por la cuarta, pero
sospechamos que es tal la abundancia de comida en el prado que el gato se está
comiendo sólo las partes que más le gustan, un poco como esos osos derrochones
de Norteamérica, que sólo devoran las huevas de los miles de salmones que se
ponen a su alcance cuando remontan aquellos ríos salvajes.
| El "tercer gato" puso la guinda a una jornada muy productiva con los carnívoros cantábricos. |
Simultáneamente al gatazo, una gata ha aparecido en el campo que queda por encima del otro cazadero, al otro lado de la carretera. Esta también anda tras las ratas, pero no parece tener la experiencia del macho. Aun así, las observamos capturar una de dos intentos.
Bajando el puerto de vuelta, aún
vamos a observar a otro gran macho acechando a las ratas como una piedra gris
inmóvil en medio del rastrojo.
Acabamos una magnífica jornada de campo en este maravilloso espacio natural de la Cordillera Cantábrica más(afortunadamente) desconocida.

Que día tan bien aprovechado con tan buena compañía y poder disfrutar de la naturaleza en vivo
ResponderEliminarEstas experiencias siempre cobran sentido con la buena comoañía. Un abrazo, Quico.
EliminarDisfrutar de la naturaleza en compañía de compañeros estupendos y profesionales qué lo viven y sienten como Tino no tiene precio vivir ésta experiencia.
ResponderEliminarEso creo yo también, Everi. Saludos.
EliminarEfectivamente, fue un día magnífico, observar a los osos en libertad y a los gatos monteses cazando y disfrutar del paisaje (inigualable montaña palentina), con los compañeros de viaje y nuestro experto guía Tino, marcaron un día inolvidable!!
EliminarSoy Ramira
ResponderEliminarUna jornada inolvidable, muy bien acompañados. Un abrazo para vodotros, Ramira.
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