ESPAÑA: Entre sombras y cumbres: Nuestra vivencia salvaje en la Montaña Palentina

Lobo Ibérico. Fotografía Tino Garcia

Miramos hacia las imponentes siluetas de cumbres emblemáticas como el Pico Curavacas, el Espigüete o la vertiente del Pico Tres Mares, macizos que actúan como auténticos bastiones defensivos para la fauna silvestre.


Hay lugares en el norte de España donde la naturaleza aún se expresa en su idioma más puro y asilvestrado. La Montaña Palentina es uno de esos contados refugios. Nos adentramos en este territorio con los guías de Dos Aves, especialistas en turismo de observación, para vivir una experiencia donde la paciencia, el silencio y el respeto son la única clave de acceso a la fauna ibérica más fascinante.

1. Cumbres de leyenda y el reinado del Oso Pardo y el Lobo Ibérico

Con las primeras luces del amanecer surfeamos las curvas y las piedras del camino hacia las cimas más altas de la montaña, instalamos los telescopios en la ladera para barrer los cortados y las dehesas con los nervios de quien no ha contemplado nunca un oso o un lobo en libertad. Miramos hacia las imponentes siluetas de cumbres emblemáticas como el Pico Curavacas, el Espigüete o la vertiente del Pico Tres Mares, macizos que actúan como auténticos bastiones defensivos para la fauna silvestre.

En estos cortados y bosquetes, la Montaña Palentina se convierte en un santuario vital donde cada año el oso pardo y el lobo ibérico perpetúan su ciclo biológico y sacan adelante a sus crías. En los meses estivales, el oso adapta su dieta a lo que la sierra le ofrece; pudimos aprender cómo en verano devora con avidez los frutos del pudio (Rhamnus alpina), un arbusto de alta montaña cuyos pequeños frutos carnosos suponen un aporte calórico clave antes de la llegada de las nieves.

Osos desde la cámara de José Carlos de la Fuente

Nuestra primera cita no fue en vano, un macho y una hembra se disputan el territorio, ella le ignora, hay pudios para todos y se aleja pausadamente del macho que finalmente ceja en su empeño y agacha la cabeza para continuar comiendo.

2. Una lección de convivencia: Ganadería y lobos sin conflicto

Uno de los aprendizajes más profundos del viaje fue presenciar el comportamiento del lobo en estas tierras. Frente al enconado conflicto y las críticas feroces que a menudo llegan desde regiones vecinas como Cantabria o Asturias, en los valles de la Montaña Palentina se respira una realidad muy distinta.

Observamos a los lobos desplazarse y campear a escasa distancia de las manadas de vacas que pastan libres en los puertos de montaña, sin que se produzca altercado alguno. Este equilibrio pone en evidencia que la coexistencia es posible. El mérito reside en el buen hacer y la sabiduría de los ganaderos palentinos: mediante el uso tradicional y riguroso de mastines bien adiestrados, el manejo adecuado del ganado y el respeto a los ritmos de la fauna, demuestran día a día que se puede proteger el sustento rural sin necesidad de demonizar ni perseguir al denostado lobo ibérico.

Acecho del lobo ibérico en la Montaña Palentina. Fotografía de Tino Garcia

La paciencia del felino: El gato montés en los campos segados

Uno de los momentos más magnéticos de la expedición ocurrió al atardecer, sobre las rastrojeras de los campos de trigo recién segados. Allí, con el sol tejiendo tonos dorados en el horizonte, pudimos avistar al enigmático gato montés. Con su silueta robusta y su porte impecable, presenciamos cómo acechaba a los roedores entre la paja seca. Ver la precisión de sus movimientos, inmóvil durante minutos para de pronto dar un salto perfecto sobre su presa, fue una lección pura de supervivencia e instinto en pleno corazón palentino.

Continuando el viaje, el agua nos sirvió de brújula. Seguimos las riberas del recién nacido río Pisuerga, descubriendo rincones donde el bosque de ribera se vuelve un túnel verde. Entre el murmullo de sus pozas y los reflejos de las alisedas, habitan mirlos acuáticos, nutrias y una profusa avifauna que hace del cauce un corredor de vida continuo.

El gato montes cazando roedores en los prados segados. Fotografía de Tino García

La magia geomorfológica de Las Loras

El broche de oro de la expedición tuvo lugar en la Reserva de la Biosfera y Geoparque Mundial UNESCO de Las Loras. Este paisaje de vertiginosos cortados calizos y parameras infinitas nos regaló momentos de contemplación absoluta. Ver planear a los buitres leonados sobre los cañones mientras el sol caía sobre las mesetas de piedra fue el recordatorio perfecto de la majestuosidad de este territorio.

Poder contemplar la libertad de la vida silvestre en su propio hábitat deja una huella imborrable. La Montaña Palentina no es solo un destino; es una lección de reconexión con la naturaleza más auténtica.

Lo que necesitas saber para preparar tu escapada

Muestra de respeto: La observación de gran fauna (oso, lobo y felinos) exige un guiado profesional para garantizar la seguridad de las especies y evitar molestias en sus hábitats de alimentación y cría.

Equipamiento imprescindible: Calzado de montaña, ropa de abrigo por capas (las mañanas y noches en la sierra son frías) y prismáticos o telescopio terrestre.

La importancia del guía: Ir con empresas comprometidas como Dos Aves garantiza no solo dar con los puntos estratégicos de avistamiento, sino también apoyar la economía local, el turismo ético y la conservación del parque.
Vídeo de lobos cazando con buitres en la Montaña Palentina

Tenéis más fotografías en este enlace, y desde este otro podéis tener acceso a nuestra próxima salida a la Montaña Palentina.


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