CABO NORTE: Gunnar y el zorro ártico
Salimos de nuevo en Octubre a la búsqueda del zorro ártico en la tundra entre Tromso y el Cabo Norte
Gunnar era un viejo pastor de renos de cultura Sami. Pequeño,
muy mayor, pero mucho más ágil que los que le solíamos acompañar cuando le
pedíamos ir a ver a sus renos a la montaña Con él hemos caminado algunas veces
por los montes nevados cercanos a Narvik donde vive. Siempre buscando bellas
imágenes de sus renos en el entorno natural donde pasturan. Al acabar las
jornadas siempre nos invitaba al calor del fuego en su Siida y, compartiendo un
caldo o un café, nos contaba sus largas marchas cuando era joven detrás del ganado
y como había aprendido todo lo que sabía de la naturaleza de sus padres y
abuelos.
Una vez le pregunté por el zorro ártico. Quería saber si él
lo vio alguna vez y si pudo apreciar como el pequeño canido encendía el cielo
con su cola cuando levantaba espurnas al rozarla con el frío hielo.
Cuando Gunnar entendió la pregunta, ya que no hablaba inglés y nos entendíamos casi por señas a través de un guía local, su semblante cambió, giró la vista hacia nuestro guía y con voz grave, para hacernos saber que eso son historias reales, nos recordó que las cosas antiguas son tan importantes como las modernas.
Las historias que su madre les contaba al calor de la tienda
donde vivieron cuando de pequeño seguían siendo nómadas, permanecían tenues en
su memoria. Él sabía, como le explico su madre en su niñez, que cuando Aske, el
dios luna, no brilla en las largas noches de invierno, son los pequeños zorros que,
huyendo en la oscuridad, levantan espurnas de hielo que sube al cielo y encienden
los colores de las auroras boreales para guiar a los pastores y su ganado en el
camino deseado. Es por ello que lo
zorros son amigos de pastores y renos y se respetan mutuamente.
Después he visto muchas vecea al zorro ártico en Islandia pero no en Noruega, pero
cada noche de invierno, recorriendo las nevadas tierras entre las Islas Lofoten y el Cabo Norte, desde el paralelo 66 al paralelo 71 grados norte, enseño a
decenas de viajeros como el zorro anda corriendo desbocado por esas frías
tierras. Cada noche salimos a “cazarlos”, cada noche nos esquiva, pero nos deja
el rastro de su loca carrera en el cielo.
A veces es un rastro suave, nos descubrió pronto y huyo al vernos
llegar, otras noches es un rastro largo, no pudo esconderse al vernos y corre y
corre por la helada tundra, y otras veces es un rastro enorme y hermoso, debe
estar jugando con sus hermanos y el cielo se enciende una y otra vez y por más
que miramos solo vemos auroras boreales desbocadas, pero no atisbamos el rastro
del pequeño canido ni de sus compañeros de juegos.
Todas esas noches nos acordamos de Gunnar, le recordamos con una ofrenda porque ya no está entre nosotros y le agradecemos que nos contara la historia de cómo se forman las auroras boreales en la cultura Sami. Y aunque ya no está, nosotros le seguimos viendo como el veía a sus ancestros, le vemos detrás de cada reno que pastura en la montaña, detrás de cada Alce que huye al vernos y detrás de cada haya y cada abeto de la taiga, pero sobre todo le vemos corriendo detrás de los zorros que con sus colas inhiestas encienden la noche boreal y las auroras que surcan sus cielos.

Vendran más cuentos???
ResponderEliminarhombre llevo 22 que van para el libro que a ver si me miras las foticos, por cierto necesito una chula De Gunnar
EliminarVendrán más experiencias viajeras?
Eliminary tanto muchísimas más !!! ya se publican desde este mes
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