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martes, 4 de marzo de 2014

HISTORIAS CON ALMA(XI) ALEXANDER VON HUMBOLDT EN TENERIFE



 "Los habitantes de Canarias ofrecen los rasgos característicos de la población montañesa e insular a la vez. Para apreciarlos debidamente, no basta con verlos en su misma patria, donde grandes dificultades entorpecen el desarrollo de la industria: hace falta verlos en las estepas de la provincia de Caracas, encima de los Andes, en las campiñas abrasadas de las Filipinas por todas partes en donde, aislados en medio de regiones desiertas, han tenido la oportunidad de hacer muestra de esta energía y de esta actividad, que son la verdadera riqueza del colono".

Alexander von Humboldt se quedó vivamente impresionado sobre la naturaleza, como os vengo informando en estos post, la cultura y sobre todo del trato del criollo hacia el guanche y su comportamiento.  El alemán  reflexionó sobre las condiciones socioculturales del pueblo canario. Ese acercamiento a la naturaleza y al hombre estaba dentro de su concepción científica, donde prima el sentido de la unidad y la interacción de los fenómenos terrestres, concepción que incluía al hombre, pues el concepto de naturaleza de Humboldt contempla también al ser humano y su historia.

Humboldt criticó con dureza el sistema de relaciones de producción que sobrevivía en las islas y las relaciones entre los patrones aristocráticos y los empleados o “esclavos”. «Aún esta aristocracia orgullosa mantenía unas relaciones feudales causantes de la miseria, pobreza y atraso de las clases bajas de la sociedad isleña. El bienestar de los habitantes de la isla no se corresponde a los esfuerzos. “Los labradores no son generalmente propietarios; el fruto de su trabajo pertenece a la nobleza, esas mismas instituciones feudales que por largo tiempo han sembrado la pobreza por toda Europa, y que atenazan la felicidad del pueblo en las Islas Canarias»

En sus paseos por la Orotava y la clase social alta de la isla, el alemán pudo conocer de cerca a los empresarios pero fue en su deseo de hoya el Teide, donde conoció a labradores y gente humilde y sus oficios. Como el de “nevero”: «indígenas que tienen el oficio de buscar hielo y nieve para vender en las ciudades cercanas»

Desde mediado del siglo XVII la nobleza de Tenerife mezclaba el hielo con el vino para refrescarlo, y ahí los más pobres encontraron un oficio, subir hasta los neveros del Teide  en el silencio de la noche antes de despuntar el alba, una vez entrada la primavera y en verano para recoger el hielo acumulado. El hielo lo transportaban sobre bestias en canastas de brezo cubiertas sus paredes de helechos para impedir que el hielo se derritiera.

La población aborigen de la isla también mereció la atención de Humboldt. Cuando el visito Tenerife solo quedaban  algunos ancianos en Candelaria y en Güímar.  El alemán se preguntó ¿qué había sido de los primitivos habitantes? ¿Qué se ha hecho con los guanches de quienes tan sólo las momias, sepultadas en las cavernas? Humboldt hace referencia a la modorra. Pero no a esa modorra que nos entra después de un buen plato de gofio sancochado, con un conejo en salmorejo y algunos vasos de vino de pata, esa es otra modorra. Los guanches que sobrevivieron después de las batallas con los castellanos, perecieron en gran parte en 1494 por la famosa este conocida como modorra, que se atribuyó a la acumulación de cadáveres que los españoles habían dejado expuestos al aire después de la batalla de La Laguna.


En nuestros paseos por esos montes de Tenerife de la mano de Ecowildlife,  nos cruzaremos con gentes del campo, con los guardas forestales que vigilan el fuego, con los últimos recogedores de pinaza y sobre todo con ancianos agricultores que se desloman todavía por sacar a la tierra sus duros frutos. 

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