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domingo, 5 de febrero de 2017

NORUEGA ON ROAD (VI) LA MUJER EN EL REINO DEL RENO

Los Sami ocupan un territorio muy extenso entre cuatro países como son Finlandia, Rusia, Noruega y Suecia. Los sami tienen incluso su propio parlamento en Kiruna, en Suecia. Hoy e pueblo sami son solo 40.000 personas que ya no viven todas del pastoreo y la caza, hoy los sami se incorporan a las tradiciones europeas y comienzan poco a poco un declive inexorable que, como ha sucedido tantas veces, les llevara al colapso de su cultura.

Hemos vivido estos días en Tromso un festival que quiere recordar, ojo recordar no significar ni reivindicar su cultura. Los samis que haya vimos no nos recuerdan a otros más antiguos que conocimos. Eso sí, vendían pieles de reno y carne de reno e incluso muñecos sami, pero no nos recordaba otros momentos que hemos vivido en estas tierras.

En Sortland, una de las islas del Archipiélago Vesteralen en Noruega, hemos visitado a Laila, ella y su marido son los únicos sami que siguen viviendo del reno en la zona, de la actividad del reno y de su economía. Laila ya no vive en la Siida, la tradicional tienda trashumante sami. Tampoco se desplaza en un reno, su mundo ha cambiado, ahora tiene un quad para moverse. Laila como toda las mujeres sami, se ocupa del día a día de la casa y de los renos, su marido se encarga de pastorearlos en primavera y verano, en invierno viven en un establo. Laila nos cuentas sus tradiciones y su historia. En la cultura sami, las mujeres son las encargadas de enseñar la cultura de forma oral a los más jóvenes. No hay escuela sami, ni textos sami. Laila no tiene hijos. Cuando ella falte, su cultura no podrá ser transmitida a la nuevas generaciones en Sortland y probablemente con ella se acabe ese mundo en estas tierras. Hay una escuela sami, sí, pero está tres horas de camino en bis.  

Tampoco parece importarles mucho ya que Laila y su marido ya no viven del pastoreo y la carne de reno, ellos viven ahora de los turistas que llegan en autobuses a conocerla y a los que atiende con una sonrisa. O los que llegamos en coche con la misma intención. Hay obras en la casas pero no es para ampliar el establo, ni tampoco los aposentos, están montando una nueva ala para la tienda de recuerdos que quieren instalar. Y están en su derecho. No es este artículo una crítica a Laila y mucho menos a lo que representa, jamás me atrevería ni tan siquiera a dudar de sus intenciones ni de las de su pueblo. Solo me limito a contar lo que he visto estos  días con el pueblo sami.

Decía Darwin que solo sobreviven aquellos que mejor se adaptan, ni los más fuertes, ni los más listos, solo los que mejor se adaptan y me parece que Laila y su marido ya saben cuál es el camino. Al marchar nos dimos dos besos, espero volver a verla alguna vez más…, me dijo que estaba deseando que llegara la primavera y dejar los renos en libertad como cada año y subir con su marido a la montaña a pastorearlos…, ojala en la primavera volvamos a subir al monte y fotografiar los renos como ya hicimos la temporada pasada y ver la cara redonda y blanca de Laila pintada con la sonrisa que la hemos visto hoy de nuevo al despedirnos.


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