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viernes, 12 de diciembre de 2014

BARES DEL MUNDO (II) RUM DOODLE BAR DE KATMANDÚ. ABSTENERSE SI NO ERES UN YETI

Y sigo con esta serie de artículos "navideños" sobre mis mejores bares del mundo. Si ayer le toco el turno al Che Guevara, que por cierto ha tenido un gran éxito de lecturas y comentarios, hoy voy a halbar de otro grande Sir Edmund Hilary. Neozelnadés, de la Commonwealth,, montañero, aventurero, altruista, benefactor...¡bebedor! y por supuesto con su inseparable sherpa Tenzing los primeros que hoyaron y coronaron el mítico Everest.

Dicen que los montañeros que acuden a coronar las grandes cimas de los Himalayas, deben cumplir dos tradiciones. La primera acudir al Monasterio Blanco a pedir la bendición del Lama y la segunda, venir a celebrar sus conquistas al Doodle Bar en Thamel District, en Katmandú.

Yo ya cumplí la primera y aunque no vengo a hoyar ninguna cumbre, si quiero cumplir la segunda como buen cervecero que soy. El Doodle, dicen que esta entre los primeros bares del mundo e incluso ha alguna guía que lo cita como imprescindible. En sus paredes y techos, cuelgan la huella de centenares de alpinistas que vinieron aquí a celebrar sus victorias y también algunos sus fracasos. Estan todos lo grandes, Meissner, Hilary, el sherpa Norgay y como no, Juanito Oyarzabal , Edurne Pasaban, Sebas Alvaro y su equipo, etc… Del gran Hylary se dice que remojo aquí sus conquistas, montañeras quiero decir, y que era un gran amante de las fiestas.


La cerveza, servida en botellas de tres cuartos de litro, es de la marca Everest, propiedad del nieto del primer sherpa que hoyo el Everest. La acompañamos ( un sueño después de tanto días comiendo arroz y curry), con patatas fritas y un filete. La música internacional suena baja y hay pocos clientes. A medida que se adentra la tarde, el bar se va llenando y las botellas inundan la mesa entre charlas de montañeros y conversaciones de fotógrafos. No son aun las diez, el bar cierra a la once y ya muchos notan el alcohol de varias horas. Una expedición alemana celebra algún triunfo entre cánticos y despedidas y yo, apoyado en la barra, consumo el último instante antes del cierre pensando que aunque no el mejor, el Rum Doodle Bar es un buen lugar para el recogimiento de los espíritus aventureros. La charla facil entre jóvenes que vienen a Kathmandu a buscar los que encontraron su padres, turistas trasnochados y gente muy amable que, como yo, solo busca un rato de esparcimiento, diseñan el úniverso de lugar. Al final, cuando ya nos echan, pude contar ocho botellas sobre mi mesa, y caminado por las oscura noche de Thamel District hacia mi hotel, comencé a sentir un gran respeto y admiración por todos los que en algún momento había dejado su huella en la pared del Rum Doodle Bar, por sus hazañas y por sus esfuerzos pero sobre todo acabe sobrecogido por la imagen del Yeti y del posible encuentro con alguno de ellos en la montaña. Es lo que tiene beber tanta Everest que uno ve mostruos por los ricones oscuros jajajaj.


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