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lunes, 20 de marzo de 2017

EQUINOCCIO DE LA PRIMAVERA EN EL PARQUE NACIONAL DE DOÑANA. HUELVA

Mendoza de la Cerda, Princesa de Éboli, es el inicio de la leyenda del parque, puesto que ella tuvo una hija Ana, casada con un Alfonso Pérez, Duque de Medina Sidonia. Doña Ana, residente en Sanlúcar de Barrameda, pide a su marido retirarse de la vida mundana e irse a vivir a unas tierras al “otro lado del Guadalquivir”. Esas tierras son bosques frondosos de pinos y alcornoques. Allí levanta el Duque el Palacio de las Marismillas, que aún se conserva. Esta es la leyenda de un bosque que paso a ser Parque Nacional y referente de la conservación de la naturaleza en nuestro país.
Ana

El Parque nacional de Doñana tiene unos valores naturales que justifican sobradamente su máximo grado de protección y su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y no solo por la diversidad de fauna que encuentran su habita natural en el interior del parque, sino por los habitats tan diversos que contempla como los caños del río Guadalquivir, los pinares, la zona de marisma, las playas, etc. Su situación geográfica, al sur de Europa antes del salto hacia África y cerca de la confluencia entre el Mediterráneo y el Atlántico, hacen que tanto el Parque Nacional como el Parque natural sean zona de descanso fundamental en las rutas migratorias de aves entre ambos continentes. En el Parque viven especies únicas, y en serio peligro de extinción, como el águila imperial ibérica y el lince ibérico.Ambos por ciertos muy dífíciles de ver en la visitas pero ansiadamene buscados.

Aún recuerdo la primera vez que me tope con el lince. Ese día quiso la fortuna que me encontrará en el interior del Parque con mis padres y sobrinos. Tanto les hablé del animal que inmediatamente los baje del vehículo para que lo disfrutarán. Cuando tenía mi cámara lista el Lince saliendo huyendo. Estaba a tres metros mía debajo de un pino. La decepción no hubiera sido tan grande si mi madre se hubiera callado: ¡¡¡pero si sólo es un gato se le ocurrió decir!!!. Tanto tiempo esperando el momento para esto. Afortunadamente he disfrutado del felino en numerosas ocasiones con cierta frecuencia en mis paseos por el parque.

Hoy  que el invierno deja paso a la primavera, celebramos el equinoccio, hemos recorrido de nuevo el enclave marismeño.  Nuestros compañeros guías estas eufóricos, la marisma rebosa de agua y aunque aún es pronto, se predice un año buenísimo para la fauna del parque y con ello para todos los que viven y trabajan durante todo el año.Hace casi 10 años que la marisma no se veía igual, ánades, ciervos, flamencos y miles de aves por doquier, las grullas aún no han marchado, nos ha sorprendido la lechuza campestre que parece negarse a irse con tan hermoso paisaje.

Las yeguas marismeñas han dado a luz y retozan con sus potrillos en la húmeda pradera, los ciervos corren refrescándose por la marisma en estampas difíciles de localizar en la cercanía, hemos viso más liebres que nunca y conejos por doquier, solo el señor de las marismas, el lince, se nos ha resistido, la semana pasada lo tuvimos a tiro de cámara, pero este fin de semana, quizá por que había dos grande hermandades en el Rocio y mucha gente en el  parque, el felino se nos ha resistido, pero no importa, excusa nueva para volver.

Os he dejado más fotos en este enlace.

2 comentarios:

  1. Es cuestión de suerte amigo, yo suelo visitarlo minimo un par de veces al año y no esta tan mal, aunque prefiero los observatorios del acebuche y la rocina para disparar a gusto.

    Un dia le pregunte al conductor/guia que que probabilidades teniamos de ver un lince, el hombre me mira con cara de guasa y me dice "mira hijo, llevo 22 años haciendo esta ruta dos veces al dia y solo lo he visto en 7 ocasiones, haz el calculo"
    saludos

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  2. jajaja, si yo este año ya he ido dos veces y ahora simpre voy al Acebuche y la Rocina, el de la rocina estaba preciosos esta primavera. Y pude sacar unas fotos fantásticas, imagina que si me gusta que mi hermana tiene casa en Sevilla y cuando estoy allí de vacaciones me escapo cada día de madrugada para ver amanecer. Ahora en un mes me voy a acercar a Sierra de Andujar a ver si tengo suerte y sino, pues disfruto con lo otro. Saludos Cerbero. Por cierto mi madre sigue jurando que era un gato

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