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lunes, 10 de abril de 2017

TANZANIA: EL MONTE KILIMANJARO EN SINYA ELERAI

Dicen los masais que hay un dios en la cima del monte que petrifica a todo el que osa subir a Kilimanjaro, "la montaña blanca". Ellos no suben por si acaso y los que subieron se quedaron petrificados del frio glaciar que hace en la cima donde la nieve se apodera del volcan. Dicen los masais que viven en Sinya Elerai que el monte ya no está blanco, que no saben que le pasa. Ya los "mzungus", los hombre blancos que lo suben, no se quedan petrificados, y no es por los plumones de marca que llevan, es que el monte blanco  está perdiendo su nieve, el cambio climático está matando el glaciar que siempre tuvo y cada vez tiene menos nieve. Dicen los masai de Sinya Elerai que eso no es bueno, que no es natural...

Frontera con Kenia y con el Parque Nacional Amboseli, la reserva de fauna de Sinya Elerai, es un área de sabana con espectaculares vistas del Kilimanjaro y el monte Meru, abundante vida salvaje y una relación fácil y cercana con los masai que habitan en la zona. Aquí el masai es más libre, más natural y más cercano, sigue viviendo en sus chozas y pastoreando su ganado, aquí el masai camina con paso firme a nuestro lado y nos cuenta historias de su tierra, la tierra semiárida de Sinya y Elerai, salpicada de acacias, donde habitan algunos de los más grandes elefantes africanos, aunque esta vez no les vimos, las lluvias no llegan y el elefante recorre decenas de kilómetros para buscar agua.




Estos masai, poco familiarizados con el turismo, conservan formas de vida y tradiciones ya desaparecidas en otros grupos. La relación privilegiada con este grupo permite a los huéspedes conocer sus poblados, acudir a su mercado y relacionarse con ellos con toda facilidad y conocer el proyecto de desarrollo que entidades locales y ong`s internacionales han instalado en la zona con escuelas para que la cultura masai no se extinga, con un hospital donde ya hay médicos masai que alargan la esperanza de vida de estos nómadas, con armonía y respetando sus costumbres y cultura.

La reserva privada de Sinya, mide unos 600 kilómetros cuadrados. Esto permite disfrutar de la vida animal en soledad, lejos de los caminos trillados y percibir la armonía y emoción de la naturaleza intacta. De sentirse en contacto con la tierra madre, con sus olores, con el aire fresco que nos llega de la montaña y con el conocimiento que nos transmiten nuestros guías. En Sinya no hay sobresaltos, no hay estres, no wi-fi, en Sinya el viajero puede sentirse en comunión completa con la naturaleza.

Os he dejado más fotos de Sinya en este enlace.

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