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viernes, 22 de septiembre de 2017

BUTAN: DE POLLAS Y MONJES SÁTRAPAS EN PUNAKHA


A Drukpa Junley, un lama que vivió entre los años 1455 y 1529, se le conoce en Bután como el monje lascivo, el loco divino o el santo de las cinco mil mujeres. De ascendencia  tibetana nacido en la región oeste del Tibet, después de recibir formación en el Monasterio de Ralung bajo el siddha Pema Lingpa, introdujo el budismo en Bhután y estableció allí el monasterio de Chimi Lhakhang. Era conocido por sus métodos locos de ilumimación de otros seres, en su mayoría mujeres. Cuando lean la historia no lo duden, este monje podría haber nacido en Granada, el "monje polla".

Las mujeres buscaban su bendición en forma de sexo. Su intención era impresionar a los clérigos de su conducta mojigata y las formas neuróticas de la enseñanza de budismo.  Según la leyenda local, convirtió a demonias en deidades protectoras al golpearlas con su pene. Debido a este poder para someter a los demonios, el pene Kunley se conoce como el "Rayo de Resplandeciente" y en la mayoría de las casas de Punakha vamos a encontrar su falo dibujado en las pareces para espantar esos malos espíritus, también en los comercios locales se venden esos falos de madera y las señoras los fabrican de madera en las puertas de sus comercios para colgarlos en el cuello o en las muñecas y conseguir apartar de sus vidas los malos espíritus.

Pero no es la única atracción del valle de Punakha, el más fértil de este pequeño país de los Himalayas, lo que más llama la atención son sus hermosos campos de arroz, los niños que los recorren vestidos de uniforme camino del colegio y el gigantesco dzong que se alza justo donde el río Madre (Mo Chuu) confluye con el río Padre (Pho Chuu). ¿Qué es un dzong? Pues un edificio característico de Bután en el que conviven monjes y funcionarios y donde los fotógrafos encontramos nuestro Shangrila.

Punakha fue capital de Bután durante trescientos años, hasta que en 1955 el Gobierno se trasladó a Thimphu. Se mantiene, sin embargo, como capital de verano, ya que el clima del valle es el mejor de todo Bután. Al dzong de Punakha, por cierto, también se le conoce como el Palacio de la Gran Felicidad.

Pero volviendo al santo varón, al visitar su monasterio vimos monjes muy simpáticos jugando al fútbol y uno más serio que bendecía feligreses en su interior. No lo hacia con agua bendita y con plumas de pavo, lo hacia con un pene de madera marrón con un mango blanco, este artilugio es considerado una reliquia religiosa y se le usa para bendecir a los devotos. Dicen que Drupka Kinley lo trajo cuando vino de Tibet a Bután, hace unos 500 años, se utiliza para golpear en la cabeza a mujeres jóvenes que vienen a rezar al monasterio buscando su fertilidad. Se cree que las mujeres que no tienen hijos y oran aquí, pueden luego quedar embarazadas.



Para llegar al templo uno tiene que atravesar la aldea de Yowakha. En sus calles todos conviven tranquilamente con los penes que "nos quita el mal de ojo", las mujeres nos sonríen al vernos fotografiarlos  y los niños ni les hacen caso, en nuestro país sería motivo de risas y carcajadas. Las tenderas nos ofrecen unos falos enormes de madera pintada, con su eyaculación y todo por unos 20 dolares, pero hay algunos que valen más de 100.

Con esta mezcla de tradición y orgullo, se sostienen los cuatro pilares, nueve dominios y 72 indicadores que han conseguido un modelo de desarrollo único en Bután. Entre ellos no talar árboles y no fumar en público y no vender tabaco. Esa es la base de la felicidad de este pequeño país o como dijo el noveno Neypug Trulku Rinpoche:  “Si alimentamos el ego, nunca seremos felices. Hemos de trabajar la compasión, el amor incondicional, la bondad y el vacío”. Si es suficiente no lo se, pero si miráis el resto de fotografías de los niños que os he colgado en este enlace, en sus caras se refleja que algo de ellos están consiguiendo.


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