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domingo, 8 de octubre de 2017

BUTÁN: ORACIONES DE MONJES EN EL PARQUE NACIONAL DE JIGME DORJI WANGCHUCK



Ruedan y ruedan las oraciones en el templo

La Tierra del Dragón como se conoce al reino de Bután, entre la India y China, es conocido como el último Shangri-La ya que se encuentra aislado del mundo, restringiendo el turismo en algunas zonas. Está tierra alberga algunos de los parques más hermosos del mundo a la vez que construyó en su pasado algunos monasterios en lugares inhóspitos como queriendo salvaguardar la paz y la ecología de esos santuarios de pristinos paisajes. 

El Monasterio de Cheri o Chagri Monasterio Dorjeden,  es uno de esos monasterios construidos en lugares únicos. Este se encuentra dentro del Parque Nacional Jigme Dorji Wangchuck. Es un monasterio budista establecido en 1620, por Zhabdrung Ngawang Namgyal, el que fuera fundador del estado de Bután. Namgyal tenía solo 27 años cuando construyó el monasterio, y se retiró allí durante 3 años después de su construcción. El monasterio, que ahora es una importante escuela de enseñanza y centro de retiro de la orden Drukpa Kagyu del Sur, está situado en el extremo norte del valle de Thimphu a unos quince kilómetros de la capital. Se asienta en una colina sobre el final de la carretera en Dodeyna y se tarda aproximadamente una hora a pie por la colina empinada para llegar al monasterio. 

En la ascensión de unos 2 kilómetros de subida  y unos 300 metros de desnivel, vemos la belleza de los bosques donde se construyó, en medio del parque nacional que fue nominado en honor al tercer rey dragón de Bután. El parque constituye el área protegida más extensa del reino, con 4,349 km2 de superficie. Su territorio varía entre los 1,000 m hasta los 7,100 m sobre el nivel del mar, lo que favorece la vasta diversidad topográfica de uno de los ecosistemas más elevados del mundo, y destacan las cumbres sagradas Jomolhari, Tsherimgang y Jitchu Drake. Está considerado por la UNESCO como una joya de conservación con valor universal excepcional.

Peregrinos que no saludan y nos agasajan

Subiendo por la ladera, vamos saludando a peregrinos que vienen de hacer sus ofrendas o simplemente de saludar a sus hijos que están estudiando en el monasterio. Los monjes pueden quedarse de por vida o solo estar unos años. El mismo rey de Bután paso tres años en  uno monasterio y el rey de Tailandia también ha acudido varias veces a buscarse a uno de sus monasteros tailandeses. Es un momento único en la vida para la reflexión y el autoconocimiento.

Laderas verdes cubiertas de flores y donde las oraciones y los mantras son llevadas por el viento a lugares únicos. Esta reserva natural donde se enclava el monasterio, se extiende a través de cinco distritos: Paro, Timpu, Punaka, Wangdue Phodrang y Gasa.  En sus tierras brotan aguas termales curativas. Es la morada de 376 imponentes glaciares, cuya nieve al derretirse, conforma lagos que alimentan algunos de los principales ríos de Bután: Pachhu, Wangchhu, Pho Chhu y Mo Chhu, donde se han desarrollado grandes proyectos hidroeléctricos para generar energía limpia y renovable que se exporta a la India y que es la principal fuente de divisas que ingresa el pequeño país anclado en el medievo.

Al llegar a a  cumbre, después de una larga hora de ascensión, nos reciben unos monjes jóvenes, sus familias están sentadas junto a ellos, han venido de visita y nos invitan a té masala, galletas de gengibre y arroz inflado. Hablan escaso inglés pero nos vamos entendiendo y se afanan en fotografiarse con nosotros y contarnos sus cosas. En el templo hay una oración y decenas de fieles la siguen y nos invitan a quedarnos. Todos los monjes van encapuchados y tocan sus instrumentos tradicionales. El rimpoche está sentado sobre una elevación dentro del estrecho templo y dirige la oración. No nos permiten sacar fotos. Fuera, muchos peregrinos hacen rodas la rueda de oraciones.

Los monjes y sus familias nos saludan

Al bajar vamos haciendo disparar la cámara en los hermosos bosques que colindan el sendero. Es sin duda uno de los lugares más hermosos del país. El parque es también una de las más ricas zonas en diversidad cultural y biológica. Considerada por la UNESCO como una joya de conservación con valor universal excepcional, es el refugio de muchas especies en peligro de extinción de la flora y la fauna, así como del patrimonio cultural. Alrededor de 6,000 personas organizadas en comunidades semi-nómadas habitan en el parque, viviendo desde hace siglos en perfecta armonía con el entorno natural. Cada una cuenta con su propia cultura y dialecto. Además es el único lugar en el planeta donde conviven el Tigre de Bengala Real (Panthera tigris tigris) y el Leopardo de las Nieves (Uncia uncia). También habita el Takin (Budorcas taxicolor whitei), un mítico animal endémico de esta zona y declarado animal nacional en Bután. 

Aunque Bután es extremadamente cuidadoso con el medio ambiente, esto no lo exime de sufrir las amenazas que conlleva el cambio climático mundial, lo que ha provocado el aumento de inundaciones y la retracción de los glaciares del parque. Los cuidadores vigilan constantemente el daño producido por la urbanización, construcción de carreteras, basura de merenderos, cazadores furtivos y coleccionistas, entre otros.

Al finalizar el sendero, un hermoso tigre de madera nos saluda, sobre el cartel otro fotografiado nos avisa que ese es el famoso corredor que los tigres utilizan para desplazarse entre la India, Bután, Nepal y China, que si, que hay tigres en el parque. Probablemente hemos pisado alguno de sus senderos. Pensarlo me llena de alegría, los que me conocen ya saben que no milito en ninguna religión, pero quien sabe si las oraciones de esos sencillos monjes en este alpino monasterio de Bután, traen buena suerte al felino más amenazado de Asia. Si es así, gracias monjes budistas.

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