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martes, 18 de diciembre de 2018

PORTUGAL: 24 HORAS NON STOP EN EL BARRIO DE ALFAMA EN LISBOA

Cuando necesites una escapada de desconexión sin ir muy lejos, una escapada para recuperar aire y sacarte el agobio de la cotideaneidad si ir muy lejos y si gastar mucho, Lisboa es uno de esos lugares que de tan cerca obviamos, pero que cumple con todos los parámetros para recuperar energías y hacerlo de un modo amable y  desestresante. Y para ello nada más y nada menos que alojarse en Alfama, el viejo barrio de pescadores y pasar 24 horas sin prisas recorriendo sus calles. El barrio ya fue árabe en sus inicios, Al Hamma y hoy destila europeidad.

Subimos dejando a un lado la casa Dos Bicos con una exposición del nobel Saramago, el callejón de las escaleras que va hasta el Palacio de Linares, donde vivió el gran poeta Fernando Pessoa y hoy es una de las cunas del fado lisboeta. Por la Rua do Barao, cuna de artistas, llegamos a la Seo, la Catedral de Lisboa, con tantos arreglos que desconcierta. La hora temprana es la mejor para bajar a tomar un café cargado en el quiosquillo frente a al puerta o el mirador de la Posta de Sol y ver como comienza a despertarse el día lentamente, una hora después que en mi casa, el aire huele a limpio y solo el ruido del viejo tranvía de la línea 28, arrastrándose por las chirriantes vías llama nuestra atención.

Subimos lentamente por alguna de las ruas, todas hermosas, todas intentando recuperar los colores de antaño, todas dejando ese sabor salado en los labios del barrio pesquero, ya comienzan las mujeres a levantarse y colgar las ropas de sus tendedores, ya comienzan los hombres a charlar en las aceras sobre el Benfica que juega hoy, los turistas ascendemos lentamente y los niños corretean detrás de un balón. Callejones ilustres con pintadas modernas, ventanas que se abren y abuelas que olisquean el aire, olor a bacalao seco, el bacalao de siempre, que ya huele en los fogones de las cocinas y que nos anuncian que va siendo hora de acercarse a las viejas tabernas a comer.

Paramos en la iglesia de Santa Lucia y en el mirador del mismo nombre para mirar al río, al Tajo, el río que da vida a esta ciudad donde cargueros y recreativos van arriba y abajo con sus mercancías, uno de las que buscan el nuevo mundo, otros de pasajeros para la otra orilla o turistas en busca de una foto de estas colinas que llevarse. Al fondo el puente 25 abril, el que une ambas orillas y luego te lleva hasta la frontera. Comemos en la taberna que hay en la misma plaza y con el mismo nombre, con mesas al sol, para seguir viendo pasar a la gente. Una abuela sentada en un banco con el mural de una de las batallas de Lisboa detrás, nos mira complacida. Los modernos triciclos que pasean turistas y sus conductores, esperan paciente la llamada de algún cliente. De comer, bacalao, sardinas, vino verde joven y arroz con leche, más tipismo imposible.

Ya comienza a caer la tarde  y cogemos por el Arco del Castelo y la  Rua del mismo nombre, que nos lleva directamente al Castillo de San Jorge, atestado de gente, defensa de moros, españoles, británicos y cuantos asaltantes quisieron estas tierras, unas pavos reales nos saludan al pasar pero no entramos, no por no pagar la entrada sino por que es invierno y la tarde esta a caer y calle arriba, por la Calçada de Graça, llegamos a la iglesia del mismo nombre. En su puerta un músico desgrana lamentos de una vieja guitarra y cantas fados modernos con olor a noches trasnochadas. Sentados en una mesa del viejo quiosco que sirve licores en la plaza, vemos caer la tarde allá por poniente, donde Vasco de Gama se fue a buscar un nuevo rumbo y tantos portugueses murieron devorados por las aguas de un océano desconocido y que un rey, Enrique el Navegante, consiguió domar para la historia y para los hombres. En el mirador de nombre de mujer, Miradouro Sophia de Mello, vemos caer la tarde con una copa de oporto en la mano. Sophia fue la poetisa de Lisboa y con sus versos vemos caer la noche:

Noche de hoja en hoja murmurada,
Blanca de mil silencios, negra de astros,
Con desiertos de sombra y luna, danza
Imperceptible en gestos quietos.

Y de vuelta a la Plaza del Comercio, nos dejamos caer por otras calles similares y tan hermosas como las de la mañana y vemos como el día deja paso a las luces de navidad que adornan este mes de diciembre, pero no llegamos a bajar, antes paramos en una taberna, queremos despedir el día de Alfama escuchando fados y elegimos bien, una vieja taberna, una voz rota de mujer y un poster en la pared de la gran Amalia Rodriguez que nos despide esta linda noche con un canto que de la alegría va a morir a la saudade

O mais feliz é o teu, tenho a certeza
É o fado da pobreza
Que nos leva à felicidade
Se Deus o quis
Não te invejo essa conquista
Porque o meu é mais fadista
É o fado da saudade

Os he dejado todas las fotos de este día en este enlace, por si os apetece recorrer visualmente el barrio.

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