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viernes, 29 de octubre de 2010

LITTLE INDIA. SINGAPUR (III)



Esto es otra cosa, los indios llegaron como siempre de la mano de los ingleses y cuando estos se marcharon, los indios se quedaron. Pero no se quedaron en este nuevo país que estos días he conocido, no, se quedaron en un barrio que montaron a su medida y que vive al margen de la realidad. Esto se lo he visto hacer a los indios en muchos países de Oriente y Occidente
Por que uno puedo ser de cualquier parte y vivir donde quiera y respetar sus costumbres, pero también uno debe aprender a convivir con los demás y sus costumbres. Y esto es lo que no saben hacer los indios, respetar las culturas de los demás. Y así en este nuevo mundo que en Singapur y que camina a la cabeza, o entre la cabeza, del gigantesco continente asiático, los indios siguen vistiendo sari, casando a Sus hijas por conveniencia y creando un submundo aparte donde la cultura Bolliwood impera y donde el aire huele a curry y cardamomo, olores ambos que no me disgustan pero que olidos fuera de su ambiente cansan.

Era Deepavali, la tradicional fiesta del año nuevo indio y las calles estaban abarrotadas de gente, de música hindú, de puestos callejeros y de tenderetes de comida. Era Deepavali, pero excepto nosotros solo había indios en Little India, los singapurienses, le han dado también la espalda a esta comunidad que no se adapta y vive al margen. El resto de días me fije pero seguí sin ver indios por el centro y tampoco en los grandes almacenes. Si me di cuenta de una cosa, que los taxistas en Singapur, no suelen parar si les llama una familia hindu y eso no me gusto.

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