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lunes, 21 de octubre de 2013

DARJEELING (II)


Si en el post anterior hablamos del origen de esta bella ciudad, hoy os acercare algunos datos más interesantes.

Los dos  productos que más  contribuyen a economía de Darjeeling son el turismo y la industria del té. El té de Darjeeling es conocido en todo el mundo; debido a las condiciones agroclimáticas únicas de Darjeeling, tiene un sabor distintivo natural, internacionalmente  reconocido como un indicador geográfico. Darjeeling produce el 7% de la producción de té de la India, aproximadamente 9.000.000 kilogramos cada año.
 Varias plantaciones de té se están funcionando el modelo cooperativo de trabajadores, mientras que otros están siendo planeadas para convertirlas en centros turísticos.  Más del 60% de los trabajadores en los jardines de té son mujeres. A diferencia que en otros lugares donde el se te convierte en producto de desarrollo pero siempre en manos de multinacionales,  en Darjeeling las cooperativas están haciendo avanzar la economía local. Es obligado pararse en la carretera y bajar a charlar con las agricultoras locales o hacerse entender a través del guía y que nos expliquen estas cosas además de obtener algunas bellas imágenes de recuerdo de  la plantación.  Además de té, la agricultura de la zona incluye cultivos de maíz, mijo, arroz, cardamomo, patata y jengibre.

Los turistas dejan buenos ingresos en Darjeeling. La arquitectura colonial caracteriza muchos edificios  ejemplificado por varias residencias de estilo Tudor, iglesias góticas, el Raj Bhawan, Club de los hacendados y diversas instituciones educativas.  Los monasterios budistas son un escaparate de la arquitectura de estilo pagoda. Darjeeling es considerado como un centro de música y un nicho para músicos y admiradores de la música india. Cantar y tocar instrumentos musicales son un pasatiempo común entre la población residente, que toman orgullo en las tradiciones y el papel de la música en la vida cultural.

Hoy nos bendijo un moje en el monasterio de Ghoom, sentados en el suelo escuchamos sus mantras y con los ojos cerrados nos fuimos elevando por esas bellas montañas, sus colores ocres y anaranjados y creímos ascender hasta las cumbres del Khangchendzonga para después volver a bajar al bullicio de una ciudad que durante las horas de luz del días está inmersa en un inmenso tráfico de todoterrenos que se disputan a turistas y agricultores para acercarlos por pistas prácticamente inaccesibles a sus lugares de trabajo y/o ocio…, suerte que está el Toy Tren para desconectar…, pero mañana os lo cuento. Teneis todas las fotos del viaje en este enlace

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