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viernes, 28 de febrero de 2014

HISTORIAS CON ALMA (IX) EL CAMINO DE SANTIAGO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD



No podíamos estar en Galicia haciendo una escapada y olvidarnos del Camino de Santiago. Mucho se ha escrito de él y mucho se seguirá escribiendo, yo solo dejaré constancia para que no se diga que no pase por aquí. He escrito ya varias veces de él pero nunca escribí de Santiago, uno de los doce apóstoles de Jesús, que viajó a Hispania y llegó a Galicia, al fin de la tierra conocida, el oeste más occidental, para difundir el Cristianismo.

Santiago no tuvo mejor suerte que el resto de los apóstoles del El Mesías cristiano, corría el año 44 de nuestra era cuando el buen apóstol fue ejecutado en Jerusalen y además, para más inquina, su entierro fue prohibido por las autoridades locales, y ese dato trajo la suerte hasta Galicia ya que sus discípulos cruzaron el Mediterráneo y llegaron hasta tierra gallegas donde le dieron sepultura. Y ahí se olvido la historia de él pero…. Fantasía, leyenda, imaginación…, en el año 813 un rayo de luz indicó a los creyentes el lugar donde se encontraba y estos levantaron una ermita que bla,bla, bla, hasta nuestros días.

Guiados por la Vía Láctea, peregrinos de todo el mundo y de todas las edades recorren desde entonces las calzadas y caminos donde se han ido construyendo albergues y caminos, iglesias, otras ciudades y sobre todo un vía de comunicación universal de ideas, amistad, superación, hermanamiento y espiritualidad compartida. Esto hizo que el Camino de Santiago fuera declarado por el Consejo de Europa «Primer Itinerario Cultural Europeo» y «Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO. Y lo mejor de todo, que hoy los peregrinos ya no buscan solo un encuentro religioso, sino que millares, millones de ellos han encontrado en este camino un lugar de encuentro universal. La comunicación, el acercamiento entre culturas, el conocimiento del otro como amigo y compañero y no como rival, son ejes que vertebran el camino y un espejo en el que nuestros sesudos políticos y nuestros vociferantes contertulios y los sanadores de religión se deberían volcar si quieren conocer con sinceridad y de verdad el alma de los hombres y mujeres que pueblan nuestros caminos.

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