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sábado, 19 de diciembre de 2015

NAVARRA Y SUS GENTES (IV): BUSCANDO LA FOZ DE BENASA

En la web de Navascués, se nos recuerda que "algunas de las comarcas navarras que hoy conocemos como valles fueron antiguamente almiradíos o almirantíos ya que estaban bajo la responsabilidad de un Almirante. En la actualidad el valle formado por Aspurz, Navascués y Ustés es el único que conserva esta denominación y se le conoce como El Almiradío". Y hasta aquí hemos llegado buscando nuevas historias y la hermosa Foz de Benasa.

En la plaza del pueblo hay un bar, antiguo, con sus mesas de fórmicas, almanaques de caza y parroquianos jubilados. Dicen que antes era el mejor que hacia alubias en la comarcas, pero esos tiempos ya pasaron. Hoy la tertulia va sobre la sanción al Madrid, la misma que le pusieron al Osasuna y "eso es ley, no se puede saltar". Llegamos buscando la Foz de Benasa y nos extraña que no encontremos señal alguna en el pueblo. Un parroquiano ríe socarrón y nos dice que no la marcas "porque los de Guipúzcoa la llena de porquería y así les cuesta más encontrarla". Es broma pero la verdad que nos pasamos varias veces la entrada antes de imaginar donde estaba. Os la he dejado en este enlace de wiki por si la queréis bajar y así no os perdéis, porque merece la pena el paseo.


Es una de las foces más desconocidas de Navarra a pesar de su altísimo nivel ecológico. Está declarada Reserva Natural por el Gobierno de Navarra. Tiene varios kilómetros de longitud y grandes cortados difíciles de apreciar hasta que nos estas dentro debido al bosque y dificultad de los accesos. Vadeamos varias veces el riachuelo y vamos caminado por el medio de un bosque mezcla de abetos y carrascas, en los roquedos vemos apostados, esperando al sol a los buitres leonados, dicen que también vuelan por estas latitudes  el quebrantahuesos, especie protegida y catalogada como en peligro de extinción.

Ya dentro de la foz, descubrimos el bosque de haya y roble y algunos fresnos que crecen junto a los cauces de los barrancos. Al final del camino nos encontramos una pared rocosa, nidos de rupículas por donde asciende el camino que nos lleva al otro valle. El paseo ha sido hermoso y regresamos embutidos en la fina niebla de la mañana.


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