Millones de
hervíboros, cebras, gacelas,
impalas y
ñus comienzan en Agosto el camino de regreso a las planicies del
Serengueti en busca de pastos frescos. Cientos de predadores les siguen en un cortejo fúnebre. Una familia de
guepardos al completo, subidos sobre un termitero, observan el movimiento,

el polvo es asfixiante, los animales se van acumulando a la orillas del río. Todos
están nerviosos, saben que tienen que cruzar pero el miedo le atenaza. Una cebra
tímida se adentra en el río, los cocodrilos se tiran al agua, su madre la llama desde la orilla, la cebra quiere cruzar, los
ñus empujan nerviosos, los leones agudizan sus sentidos, los turistas preparamos las cámaras, los guías se impacientan en el coche, los buitres dan vueltas en el aire, el olor a tierra seca se expande, el polvo nos ahoga, ¡¡¡ya está!!! , una segunda cebra salta, y detrás de ella decenas de equinos se arriesgan,

los
ñus inician sus saltos, los cocodrilos, enormes saurios de seis metros, saltan al agua al unisono, los leones se ponen de pie, la espera es interminable , todos nos excitamos, cien, doscientos,
trescientos, miles de animales en el
Mara, los cocodrilos no saben que hacer, los leones se apartan ante la
barabunta, esperan a los animales heridos, es más fácil y menos peligroso. El agua está cada vez más turbia, no hay sangre ya que los cocodrilos
están asustados ante la avalancha y no atacan, los últimos animales pasan, muchos han quedado en el agua y la corriente los arrastran, los cocodrilos persiguen sus almas, los leones se mueven discretos seleccionando sus presas más
débiles, nosotros dejamos la orilla buscando la manada, en el camino los restos de la aventura son aprovechados por los buitres, cae la tarde, el
aire se vuelve a respirar, el
Mara se tranquiliza, nuestros sentidos se relajan, la aventura ha tocado a su fin. Si quereis vivir esta ventura la tenéis en
Ecowildlife.
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