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martes, 17 de febrero de 2015

ARQUITECTURA OLVIDADA(II). EDUARDO CHILLIDA, ESCULTOR




Lamentablemente la política de nuevo comete un atentado contra la cultura.  Participé de forma activa en la consecución de la capitalidad cultural de Europa para Donosti que se celebrará en 2016. Y digo participé porque forme parte del equipo de comunicación del proyecto. Hoy leo con pena que el Chillida Leku permanecerá cerrado durante el magno acontecimiento por desacuerdos políticos entre la familia y Bildu o quien mierda mande en la diputación guipuzkoana.

EDUARDO CHILLIDA nace el 10 de enero de 1924 en San Sebastián. Su primera exposición la realiza en París en 1950. Ha recibido casi todos los premios existentes a lo largo de su vida: de la Bienal de Venecia al Kandinsky, del Wilhem Lehmbruck al Príncipe de Asturias, del Kaiserring alemán al Premio Imperial en Japón. Su obra está presente en más de veinte museos de todo el mundo, y exposiciones retrospectivas se han celebrado en Houston y en Berlín, en Madrid y en Caracas, en Londres y en Palermo. Sus esculturas se encuentran frente al mar como en San Sebastián, o en la montaña como en Japón, y en ciudades como Washington, París, Lund, Munster, Madrid, Palma de Mallorca, Guernica o Berlín. Sobre su obra han escrito arquitectos, matemáticos, filósofos como Martín Heideggeer y Emile Cioran, o poetas como Octavio Paz. Esto es lo que dice su página web del genial escultor donostiarra. Pero se ha de pasear por las calles de y visitar su museo para saber la impresión que de él se tiene en San Sebastián.

Chillida-Leku es la consecución de un sueño durante años anhelado por el autor: Crear un espacio a la medida de su obra donde esta pudiera ser permanentemente expuesta. Un día Chillida deja de vender sus obras para colocarlas en el jardín de la finca que había adquirido para disfrute del visitantes. Un bosque de esculturas y el sentimiento de estar dentro de la vida de un gran artista. En la casa, el caserío Zabalaga, se encuentran obras de menor formato realizadas en acero corten, alabastro, granito, terracota, yeso, madera o papel. Bueno pues todo eso permanece cerrado, y parece ser que así continuara durante mucho tiempo, porque las autoridades y sus familia no se ponen de acuerdo para la gestión.

El Peine de los Vientos, es quizás la obra más impactante y popular del artista. Su situación al final de la Playa de Ondarreta en la Bahía de la Concha y las continuas agresiones que sufre por ideólogos populistas, la convierten en el símbolo del mundo Chillida. Batida por los vientos y las olas desde hace más de treinta años, El Peine simboliza la levedad y lo efímero en el universo del artista. Sentado en la plácida tarde de verano en los bancos que la circundan, vemos caer la tarde en el horizonte , reír a los niños movidos por el viento por las oquedades de las rocas y ennegrecer de oxido la escultura como queriendo aliviar la levedad del instante. El espectáculo es sobrecogedor. Como sobrecogedor será que la expo cultural le de la espalda al maestro, Ver para creer


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