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viernes, 13 de febrero de 2015

TRES LEYENDAS DE GALICIA(III): MUJERES QUE SURFEAN OLAS BUSCANDO HIJOS: PLAYA A LANZADA


Si esta semana os he hablado en este corto viaje con Ecowildlife por Galicia de una heroína, María Pita, una feminista convencida, la lechera de Orense, hoy os traigo otra leyenda, la última por ahora de este periplo gallego y va de madres que no son y quieren ser.

Andábamos pajareando por las ría de la provincia de Pontevedra y acabamos en la Playa de La Lanzada, en el municipio de Sanxenso, sin duda alguna, de las playas más hermosas del mundo. En una punta de la playa se alza, pequeña pero inhiesta la Ermita de Nuestra Señora de la Lanzada, una pequeña y sencilla capilla del románico tardío del siglo XII.  Hoy las olas no la molestan, tampoco el viento, hace un día increíble existe una leyenda que va asociada no sólo a la ermita sino en general a la playa de A Lanzada que se relaciona con los ritos de fecundidad, una playa profundamente vinculada al misticismo que se atribuye a los gallegos. Por más que mire a mi alrededor encontre ni una sola fémina.

Cuenta la tradición  que si la primeriza quiere quedar embarazada y traer vástagos al mundo, deben bajar a la playa en noche de luna llena, ver pasar las primeras dos olas y en las siguientes 7 bañarse sobre los lomos de ellas y así dará fin a su infertilidad  eso si, luego del baño deben recostarse sobre la Cama de la Virgen, una piedra ondulada a los pies de la ermita, hacer una ofrenda floral a la virgen y barrer la ermita ( todo ello mejor durante la romería anual si puede ser).Y ya está. La leyenda no cuenta nada de si es el mar cargado de sirenos, o un paloma blanca, cual espíritu santo, el que logra que el milagro de la vida despierte en el vientre de nuestra candidata a madre. Lo de hacerlo en la romería me parece más viable, amigo que soy de las romerías desde que tengo uso de razón, veo más convincente hacer el intento esa noche que hay mozos y mozas con ganas de amor y juerga.

Todavía con la sonrisa por la ocurrencia marchamos para la ría, con marea baja y llenas de aves y nos cruzamos con una mariscadora, me pareció soez encuestarla sobre el tema y mejor hablamos de los camarones que llevaba en el saco y nos reímos un buen rato con el fin que tendrían esos pequeños animalillos en la cocina de casa.

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