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martes, 26 de mayo de 2015

LA RIOJA ( y IV) AUTOL, LEYENDAS

Creo que no hubieramos parado en Arnedo a no ser por que nos contaron su leyenda.
Autol se cruza en el camino entre montañas resecas y el valle de río. Es otro de esos pueblos donde la agricultura juega un papel importante. En sus tierras se cultivan algunas de las delicias verdes que, envasadas, inundan las estanterías de supermercados de todo le mundo.

En cuanto a la visita lo más importante es uno de eso monumentos extraños que encontramos en nuestra geografía: los Picuezos. La erosión o “mágicos cinceles” como gusta decir a los locales, han modelado durante siglos dos “esfinges”, extrañas figuras de roca que se alzan al pie del Castillo de Autol. Se trata de dos monolitos rocosos de 45 m. de alto, por unos 10 m. de diámetro el primero, y unos 30 m., la segunda. Al más alto, se le conoce con el nombre masculino de Picuezo, y al más pequeño el femenino de Picuela. A su lado se levanta una forma redondeada y plana, conocida como la Harinosa.

Cuenta la leyenda que el Señor del Castillo poseía una viña muy especial, que daba exquisitas uvas y sospechó que alguien se las robaba. Una noche, el guardaviñas sorprendió a una pareja que ocultaba algo en una cesta; les pidió que lo mostraran, a lo que la pareja se negó y tentó al diablo diciendo: "que nos volvamos piedra, si son uvas lo que aquí llevamos". Por supuesto que eran uvas y la pareja se convirtió en piedra y desde entonces nunca más se han separado.

No marche de Autol sin contemplar la iglesia San Adrián y Santa Natalia, situada en lo más alto del Casco Viejo, junto al Castillo o acercarse, a doce kilómetros del pueblo, para ver los resto de la Ermita de Santa María de Yerga. La talla de este templo se venera en la citada iglesia parroquial. El conjunto estaba construido en mampostería y sillería. Lo que se conserva parece ser de la segunda mitad del siglo XII

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