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lunes, 11 de septiembre de 2017

MÁLAGA: PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DE LOS DÓLMENES DE ANTEQUERA

El exterior de Menga

Hacia unos años que no visitábamos Málaga  y estos días aprovechando una escapada nos hemos acercado hasta Antequera. Debíamos esta visita y es que desde hacer unos meses contamos en nuestro país con un nuevo reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad: los Dólmenes de Antequera.

Los Dólmenes de Antequera, ubicado en la provincia de Málaga, en el corazón geográfico de Andalucía, se sumó durante 2016 a los 1.031 bienes culturales y naturales de 153 países que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura protege en todo el planeta. Los dólmenes de Menga y Viera, el tholos de El Romeral y los dos grandes hitos hacia los que están orientados, la Peña de los Enamorados con su perfil antropomórfico y el macizo kárstico de la Sierra de El Torcal, constituyen un conjunto arquitectónico único en el mundo

Menga, construido en el 4.700 antes de Cristo, es el más monumental y conocido del complejo arqueológico. Es una obra de referencia en la arquitectura adintelada de la prehistoria europea, no solo por sus grandes dimensiones, sino también por sus pilares interiores. La catalogación de los dólmenes de Antequera es muy importante porque es el primer conjunto megalítico de la Europa continental que se declara Patrimonio Mundial. Hasta el gran arquitecto Le Corbusier que los visitó en la década de los 50 se rindió ante su enigmática belleza.



El interior de Menga

Las dos características principales que lo hacen tan genuino son la monumentalidad y la orientación única de sus ejes, excepciones extrañas porque el 99,9% de los dólmenes tienen orientación al sol. Los dólmenes no se orientan ni al sol, ni a las estrellas. Miran a dos lugares que fascinaban a sus constructores. Justo enfrente de la boca de Menga se levanta la Peña de los Enamorados, una montaña con forma de rostro humano en medio de la vega que ejerce hoy la misma atracción que hace cinco mil años. Los arquitectos del pasado eligieron con precisión el lugar en el que levantar un monumento a sus difuntos. La peña sólo tiene perfil antropomórfico desde Archidona y desde la colina de los dólmenes en Antequera. Si te mueves desaparece la figura. El monumento se ubica exactamente donde la figura tiene perfil humano. Menga apunta a la barbilla de ese rostro. Y allí se encontraron pinturas rojas antropomórficas y varias piedras que un día pudieron conformar un menhir. El Romeral, orientado hacia el oeste, mira al punto más alto de El Torcal, el fascinante conjunto cárstico de Antequera. Un lugar que las comunidades de la zona consideraban mágico.

De los tres, sólo Viera es canónico: se orienta al sureste, de modo que la luz del sol entra hasta el fondo de la cámara mortuoria los días de los dos equinoccios, cuando el Sol está sobre el Ecuador terrestre.

La peña de los enamorados desde Menga

Menga, de cuya existencia ya hay noticias en el siglo XVI y que, a mediados del XIX, el arquitecto malagueño Rafael Mitjana y Ardison lo define como templo druida, despertó la curiosidad del rey Alfonso XII, quien promovió su compra y facilitó, posteriormente en 1886, su declaración como monumento nacional. El dolmen fue así uno de los primeros que contó con esta protección en España. Cuatro mil quinientos años después sigue asombrando que el hombre prehistórico moviera esas moles: cómo fue posible desgajar de la roca, transportar y colocar piedras de hasta 40 metros cuadrados que pesan 180 toneladas, y encajarlas para formar el conjunto megalítico más grande de Europa, que es el de Menga.

La entrada es gratuíta y abren durante la mañana todos y el conjunto principal también por la tarde.

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