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lunes, 16 de abril de 2018

MYANMAR(IV): PESE A SUS RESTOS ARQUEOLÓGICOS, INDIANA JONES NUCA ESTUVO EN INDEIN


Cuando llegas a Indein, al sur del lago Inle, un lugar único e irrepetible en el mundo, el sueño de cualquier arqueólogo y la desesperación de cualquier restaurador o antropólogo, uno recibe noticias sobre Indiana Jones, que si se grabó allá no se cual capítulo, que si Harrison Ford se perdió entre estupas y templos, que si lo vieron fotografiarse junto al canal.., pero no Indiana Jones nunca estuvo aquí, los militares, sesudos encargados de la restauración de este bello lugar, no lo hubieran dejado, como no han dejado a la ONU tomar parte en la restauración de este santuario de la humanidad.

En Indiana Jones y el Templo de la Muerte, Birmania aparece situada en un mapa de Asia y en Indiana Jones y la Tumba del Terror, Indi llama por radio a una estación pirata americana en la selva de Birmania para hablar de un dragón encontrado en Nepal. Son las únicas referencias que se conocen del héroe y la actual Myanmar.

En invierno el canal de casi 8 kms que nos lleva hasta las ruinas, rebosa agua y es fácil para el bote subir su corriente, en verano es más complicado. En las orillas del río pasa la vida igual que pasar la corriente, como diría el cantor, agricultores con bueyes que se afanan en sacar la vida a la tierra, aves por doquier y niños que se aligeran del calor zambulléndose en sus turbias aguas. Al llegar  a Indein, los vendedores nos asaltan pero de forma tranquila y comenzamos un recorrido de casi un kilómetro cubierto por chapas de zinc de vendedores que desembocan en el complejo. Una inmensa  ladera que contiene más de 1.600 estupas budistas, algunas de barro y piedra, algunas intrincadamente talladas, algunas doradas que en su día estuvieron cubiertas de metales preciosos. Algunas toscamente  restauradas por el régimen militar, otras muchas tragadas por la jungla circundante y comenzando a desmoronarse sin que nadie parezca querer remediarlo, ni el actual gobierno, ni la ociosa Organización de las Naciones Unidas para la Cultura..

Estas estructuras datan de los siglos XIV al XVIII y son típicas del zedi birmano. Al igual que otros que se encuentran en toda la región, las estupas cuentan con criaturas fantásticas como chinthe, seres míticos como leones que protegen los espacios sagrados. Estos eran (y siguen siendo) sitios de contemplación y meditación y muchos contienen reliquias dentro de sus bases. Allá,  a veces, se sorprenden a novicios correteando en sus pasillos y las más de las veces peregrinos que meditan entre la estupas, también hippies colocados soñando no se que en estas inhospitas tierras, los vendedores no entran en esta zona sagrada.

Las primeras estupas en Indein probablemente fueron comisionadas durante el reinado del rey Narapatisithu, aunque según la leyenda, fue el rey Ashoka, el emperador indio responsable de difundir el budismo en gran parte de Asia, quien primero lo designó como un sitio de particular importancia espiritual. De Ashoka tenemos símbolos en Camboya y en Borobodur en Indonesia, debió se un tipo interesante . Cientos de años después, esa distinción es completamente obvia. El mar de agujas ornamentadas junto con la vista sobre el lago y la calma circundante otorgan a este lugar un aire incuestionablemente místico y reflexivo. Los gatos de los monjes y los perros siempre presentes entre las estupas parecen ser hoy los únicos que no se dan cuentan que este lugar merece una reconstrucción sensata y un reconocimiento mundial como memoria de nuestra humanidad.

Os he dejado más fotos en este enlace y en nuestra Web, teneis más datos si queréis acomparñarnos en la próxima expedición a descubrir estos lugares.


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