Páginas vistas en total

jueves, 11 de octubre de 2018

CHINA: LOS VIEJOS PESCADORES DE GUILIN

                                 Guilin, dicen las leyendas que es “un bosque de laureles” y aunque ese es el significado de su nombre, la ciudad se pierde entre la ordas turísticas y nada más llegar uno quisiera salir corriendo en busca de lo que lo trae por estas tierras: las montañas cársticas que discurren a lo largo del río Li que moja sus orillas. el centro.

Si uno quiere ver los paisajes naturales más famosos de Guilin, debe embarcarse es una motonave oficial y bajar durante cuatro horas por el río Li. Iremos dejando en las orillas la China rural y sus estampas e iremos viendo aparecer entre la niebla del río y cada curva, picos únicos y momentos para la fotografía como la montaña de “los nueve caballos”, “don quijote”, “el buey” o tantas y tantas otras que nos recuerda nuestro guía y que son imposibles de recordar, alguna por que ni tan siquiera, se parecen a lo que él cree ver. Al finalizar el viaje debemos coger una balsa de bambú y que un barquero nos deje mecer por la suave corriente del río Yulong, un afluente del Li, y desde la misma orilla del río acabar de completar nuestro recuerdo viajero del lugar.

Y si tenemos la suerte de encontrarnos a un viejo pescador de cormoranes y pasar con él las primeras horas del atardecer y anochecer, la experiencia sera única.  A este le conocimos en las estribaciones del río Yunlo, afluente de Li.

Antiguamente en zonas del suroeste de China, cada pescador tenía su propio cormorán. Los pescadores salían cada anochecer a faenar en sus balsas de bambú, alumbrados por potentes lámparas suspendidas sobre el agua para atraer al pescado. Los peces acudían a la luz, el cormorán veía a sus presas y su instinto hacía el resto. 

Todo era pura artesanía: las balsas utilizadas son largas y estrechas, fabricadas con varios troncos de bambú unidos entre si, los cormoranes criados por el pescador desde que son polluelos, Durante el trayecto, el pescador le ayuda a secarse sus plumas y le suele acariciar el cuello en señal de agradecimiento por los servicios prestados. Una hermosura de escena. Este mismo ritual se lleva repitiendo en China desde hace más de 1.300 años, lo cual aporta muchísimo más misticismo al tema.

Ahora ya casi no salen, el turismo le llena los bolsillos solo por la fotos, es la ley de la vida.
Las fotos que acompañan este artículo y este vídeo, fueron tomadas durante una hermosa noche de otoño.

Si queréis más información sobre el viaje, lo tenéis, en este enlace.

No hay comentarios:

Publicar un comentario