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sábado, 25 de julio de 2009

BIENVENIDOS A CAMBOYA

Llegamos de noche a un vetusto aeropuerto, la calor es insoportable, nadie nos ha venido a esperar. Fuera de la terminal se agolpan turistas y taxistas negociando precios. Una enorme luna anaranjada nos saluda. Nos ofrecen taxis. No localizamos a nuestro agente. Decidimos contratar un vehículo que nos lleva hasta el Sofitel. Una muy buen opción de hotel de lujo en la ciudad. Desde el coche pasamos por calles abarrotadas de bares y turistas borrachos. Me lo imaginaba así. El hotel tiene un hermoso jardín con un gran lago central al estilo colonial francés. Si aquí estuvieron también los franceses y el recuerdo que les queda a los locales no es muy agradable. Las habitaciones son amplias y acogedoras. El servicio muy bueno. Una músico local toca el xilófono sentada sobre una estera, sus pies de descalzos al estilo tradicional. De todas formas no dejar de ser un hotel más de cadena.

Delante de una pizza y una cervezas AngKor esperamos a nuestro guía. Cuando llega nos explica en su modesto español que tenía la llegada para el día siguiente. Que nos nos preocupemos pero que el se vuelve a una boda en la que estaba. Que si no tenemos nada mejor que hacer que le acompañemos. De mil amores hubiera ido pero esta vez mi socio me retiene.

Sentado en la terraza del hotel me viene a la memoria imaginas descarnadas. Creo que todavía era muy niño cuando Pol Pot masacró a la población cambodiana. Todavía conservo un trozo de hoja de papel que saque de internet, es un editorial de la revista Gente. "El infierno está en la tierra, queda entre Tailandia, Laos y Vietnam. Se llama Camboya. Todo lo que sucede allí no es parte de un relato fantástico ni de una película terrorífica. Tampoco ha ocurrido hace tiempo. Todo pasa en estos momentos mientras usted lee estas mismas líneas. En ese lugar, un pueblo está condenado. Es castigado con trabajos forzados, está esclavizado, torturado y muchas veces asesinado, en nombre de una ideología que se propone crear un "hombre nuevo". Camboya se está construyendo sobre un inmenso osario. Sobre las lágrimas y los despojos de los intelectuales, de los funcionarios, de las mujeres, de los campesinos y de los niños. Porque en esta Camboya perseguida y quebrantada, los niños ofician obligadamente de espías, de delatores de sus propias familias".

Lo recorté hace mucho tiempo, el artículo es de 1977, yo tenía 13 años cuando se escribió, aún recuerdo las imágenes de las masacres en la vieja tele AEG que tenían mis padres. Siempre quise venir a Camboya, hoy tengo la oportunidad de cambiar el frame de mi retina.

Teneis un album de fotos del viaje en http://www.facebook.com/groups.php?ref=sb&__a=1#/album.php?aid=74161&id=552494308

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