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sábado, 11 de julio de 2009

SAN FERMINES. LA NOCHE




Llegar en la tarde noche a Pamplona en la semana de San Fermín puede ser una buena idea. Caminar por sus calles abarrotadas, seguir la estela de la marcha nocturna y chiquetear por el barrio viejo; pasear pos las avenidas más festivas, parar a cenar en las atracciones y acabar la noche tomando copas por los sitios más pijos de la ciudad, hacen, al menos, que la sensación no sea sólo la que transmiten las cámaras de televisión: la de una fiesta consagrada y concebida para los toros.

El primer trago en La Mar Salada, un bar cerca de la plaza de toros donde el jamón joselito, los farolillos colgados y la música de rumba, me recuerdan más a la feria de Sevilla que a San Fermines. Buenos amigos y buena charla sobre la corrida, toros malos y peores matadores, pero mañana será diferente, torea El Cid. A la Plaza del Castillo donde los jóvenes comienzan su particular botellón, todo el mundo en rojo y blanco, preciosos. En el Iruña no se cabe, entramos por la parte vieja para saludar el mítico Ernst. Su figura de cobre apoyado en la barra nos saluda como debió hacerlo tantas y tantas veces a los que lo frecuentaban. El Iruña fue fundado en 1888, la víspera de San Fermín.Su apertura sirvió para inaugurar oficialmente la llegada de la luz eléctrica a la ciudad de Pamplona. El Diario de Navarra los describe como"un rincón apacible en el que parece haberse detenido el tiempo; mesas de mármol, columnas profusamente decoradas, grandes espejos, policromados escudos, una larga barra… Atalaya privilegiada para quien quiera tomarse un café teniendo ante sí la magnitud de la plaza del Castillo, para quien quiera sentir el latido de la ciudad en su mismo corazón". Lo cierto es que en las noches de San Fermin, el Iruña es bárbaro, irracional, la fiesta se apodera de él, los jóvenes danzan y saltan , los mayores, lo que toman café en la mañana, han desaparecido y los camareros, a duras penas pueden sostener las hordas que nos abalanzamos sobre la barra a pedir cerveza. Dicen que el viejo Ernst no dejó de acudir al Iruña ni un sólo día en sus largas estancias. En su vitoreada y recomendada novela sobre Pamplona, "Fiesta" dice que "tomamos café en el Iruña, sentados en cómodos sillones de mimbre, mientras desde la fresca sombra de las arcadas contemplábamos la gran plaza" esta noche todo es diferente, la noche es fresca pero no hay sillones y encontrar la salida a la plaza es todo un ejercicio de fuerza.

Salimos entre sonidos de fanfarria y peñas y el objetivo es intentar atravesar la calle Jarauta. Casi imposible, las peñas esta llenas, las gente danza en la calle, el olor a vino y orín mezclado la hace casi intransitable pero la emoción es embargante. Muchas veces oí hablar de ella y tenía ganar de estar. Los carteles reivindicativos se alternan con la oferta de bebidas y los locales de chinos con los de las peñas. Un consejo, son baratos pero los bocadillos y las planchas de cocinar instaladas en las calles de alrededor de Jarauta, pueden acabar con tú San Fermín en una sola noche, tal es la calidad de los alimentos allí vendidos. Lo mejor, coger la copa en uno de los locales y seguir caminado por la calle para ver el espectáculo. Turistas curiosos y otros asustados, locales con mucha marcha y la juventud desmadrada al son de la música más actual y la más panchanguera. El ruido es ensordecedor. Llegamos al ayuntamiento donde las bandas dejan de tocar al pasar por la puerta del edificio como desagravió a su alcaldesa. Es tarde vamos de recogida. Pasamos por Calderería otro sitio de copas pero esta noche no pararemos. Vamos camino de San Nicolás. Aquí la cosa cambia, la música que suena de fondo es de Enrique Iglesias, las chicas llevan camisas de marca, los chicos los cuellos de los polos levantados, el pañuelo no les destiñe el cuello y las copas se sirven en cristal no en plástico. Cambian a Enrique Iglesías por Shaquira. La gente no salta , baila. La conversación es sostenible, nadie va disfrazado, el Otano es un buen sitio para acabar la noche. Buenos amigos, Eze, Javier, Yolanda, Elena, Manolo y las Conchas, también San Fermín que nos protege. Son las 3 de la madrugada, mañana es el Baile de La Alpargata.

2 comentarios:

  1. Sólo una apreciación a tu comentario de la música de La Mar Salada.
    Era música San ferminera y alguna en Euskera.
    Que te recuerde a Sevilla los farolillos vale, eran publicidad de una marca de manzanilla, pero la música, anda ya. (Sin acritud)

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  2. Pero si sono hasta el macarena, que lo digo sinb acritud que ya me vale a mi que la fiesta navarra se españolice.

    un abrazo y pasale el blog a Manolo y Exe que se vean

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