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sábado, 11 de julio de 2009

SAN FERMINES. EL BAILE DE LA ALPARGATA




Tres horas de sueño. Vemos el encierro en la tele ya que hay prisa. Nada nuevo, los toros no embisten, los mosos se escapan, la presentadora se enrabia porque no hay heridos, el listo de la RTVE, un tal Javier Solano que lo sabe todo, critica a los turistas, a los mozos, a los toros, que lata. Nos vamos hoy toca el Baile de la Alpargata. El Casino Principal de la Plaza del Castillo se convierte a eso de las 9 de la mañana en una pista de baile en la que se celebra el baile de la alpargata. En dicho acto dicen que "suelen darse cita personalidades importantes de la sociedad pamplonesa". Y debe serlo pero lo más bonito del baile es que todo el mundo va de blanco y rojo. Señores mayores con pedigrí con camisas recién planchadas que, por supuesto, no han vivido ni bebido la noche; mamás con sus niños en brazo danzando en alegre soniquete; algún joven, pocos la verdad, y algunos mirones como nosotros. Abajo no nos han pedido la entradas, los seguridad solo pararan a los borrachos. Una larga mesa presiden la salaa y un cartelito "sólo para la Junta Directiva" nos detiene del intento de sentarnos. Las música es de pachanga, la orquesta de pueblo, pero por las caras de los asistentes, el placer infinito.
Para los que se han despertado hace poco, han visto el encierro y de paso han salido a disfrutar de la fiesta, el baile es clásico, el baile y los churros con chocolate. Para los que llevan ojeras, que han disfrutado la noche de San Fermín , el chocolate les recompone y les ayuda en el tránsito hacia el hogar. Suena "paquito el chocolatero" y todos a una forman un corro y una conga y a girar por la sala del casino. Vimos algún famoso foráneo con aires de querer dejarse caer en la cama.

La terraza del casino es otra cosa. Asomado a ella ves la mañana de San Fermín. Los mozos en la calle van de recojida, la policía municipal y los barrederos se afanan en despertar a los que se han dormido en la plaza. Algunos de blanco impoluto se aligeran para no llegar tarde al trabajo, son los menos, ya que en al fiesta se para la ciudad. Muchos han venido a un concurso que ha montado el ayuntamiento de dobles de Ernst Hemingway. Están en la terraza del café disfrutando del primer pacharan del día. Un grupo de seniors discute sobre la tibieza del encierro. Es la Plaza del Castillo a las 9 de la mañana. Es otro día nuevo en la fiesta

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