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domingo, 12 de julio de 2009

SAN FERMINES. LOS TOROS











Si vas a San Fermín se ha de escribir de los toros. Barbara fiesta española que hasta vascos y catalanes mantiene en su tradiciones más arraigadas. Soy sevillano y como tal he podido disfrutar de la fiesta de los toros en su máxima expresión. No puedo renunciar de forma absoluta a algo que va en mi por cultura, no obstante he de asumir que es quizás la forma más horrenda y horrible de sacrificar a un animal, verlo en directo es hasta cierto punto cruel y te convierte en cómplice de esa forma de actuar. El toreo como espectáculo público no debe tener espacio compartido con la cultura.
Decia Hemingway en su aplaudida novela "Muerte en la tarde" que “la corrida no es un deporte, es más bien una tragedia: la muerte del toro, representada mejor o peor por el toro y el hombre que participan de ella”. Y utilizo al gran maestro y esa sentencia de lo que representa el ruedo, solo para escribir algo sobre las corridas de toros de San Fermin. Pero lo haré desde mi asiento en la andanada, enfrente de los estudiosos de la grada de sombra y justo al lado de los borrachos y festivaleros de la grada de las peñas.
El ruido es ensordecedor en la grada, las peñas tocan sus instrumentos al mismo tiempo que los mozos y mozas cantan melodías inteligibles. El sol esto en lo más alto. en el ruedo de amarillo albero un mozo enfundado en chapela y pañuelo está solo. Es el regador. Se afana en dejar listo el escenario donde dentro de escasa media hora tendrá lugar la lucha. Su instantánea de solitario hombre de albero es la estampa más emotiva del momento. Manolo y Ezequiel sonríen, esto ya empieza. No dejo de mirar la grada ensimismado por el ambiente. Los jóvenes se lanzan cubos de vino quien sabe si en honor de la sangre que más tarde veremos esparcida por la arena. Nos tomamos la primera cerveza.
Salen las cuadrillas antes, dos alguaciles recorren a caballo el redondel, los mozos aplauden, la grada se va llenando, aparecen los toreros, la grada canta el himno de eurovisión como queriéndole dar carácter internacional al festejo. Corre más vino. La fiesta quiere empezar, se van los tiros de caballos perseguidos por los monosabios y la grada estalla en burla. Una botella de cava estalla y se llenan los vasos en el mismo instante que una bandeja de guindillas "Piparrak" pasea de mano en mano en busca de la suerte del picante.

Sale el primer toro de nombre Garboso, al que seguirán Alerto, Garrochisto, Ali-roto, Bajezo y Casallo. El Cid , Castella y Manzanares al otro lado. Garboso quiere alegrase el día y a las primeras de cambio, ya chorreando en sangre y escupiéndola a la arena, encumbra la fiesta ¡¡ voltea, cornea y arrastra a El Cid!!!. Escribe Angel Hidalgo en ABC " Fue ponerse El Cid con la muleta y el toro se le vino por dentro en la apertura. Directo al cuerpo por el pitón derecho. Sin tocarlo siquiera o muy descubierto el torero. Fea la cogida. Y sobre todo tremenda la paliza en el suelo. El toraco se ensañó con el cuerpo a merced de la presa. Con la taleguilla desgajada, se levantó Cid, conmocionado y con toda la naturaleza al aire". Por supuesto que la naturaleza son los "güevos" del torero. Parte médico firmado por el Cirujano Jefe de la plaza recoge lo siguiente: "cornada con dos trayectorias, una superficial y otra ascendente, en la cara anterior del muslo izquierdo con trayectoria de 10 centímetros, que afecta tejidos musculares además de otra cornada más que le atraviesa el escroto". Pronóstico menos grave. Trasladado al Hospital Virgen del Camino de la capital navarra". La fiesta cumple el trámite, los mozos no se acobardan siguen corriendo los ríos de vino. En nuestra andanada abrimos la tercera botella de cava, una bandeja de butifarra catalana , que gran símil y en que gran momento el del apetecible embutido,, pasa de nuevo de mano en mano, las guindillas les añaden sabor. Castella mata al toro como puede, la sangre tiñe la plaza.
No hubo más corrida, si un bocata de atún con pimientos, varias bandejas de embutidos, un guiso de patatas, galletas de chocolate, botellas de buen vino de rioja, pacharán de mi amigo Javier y un puro Montecristo fumado en grada. Se me nubla la vista del exceso del alcohol, he contado cinco toros pero ya ha acabado la corrida, me falta un toro ¿o no?. Dos japoneses dentrás nuestra engullen parte de nuestro bocadillo y nodan crédito a lo que ven pero intentan aplaudir. Las peñas salen al ruedo, bajamos la andanada dando bandazos, la fiesta ha sido grande, han muerto seis toros, seis, nadie ha salido en hombros, solo la grada de sombra parece no darse cuenta de lo que significa la fiesta..., como en una película del futuro los gladiadores marchan y el coliseo se vacía , un río de liquido rojo recorre la grada, ¿sangre de valientes ? ¿de toros?, no, no se equivoquen, es el alma de la fiesta, el vino que se ha esparcido para bendecir la tarde..

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