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martes, 22 de marzo de 2016

BIKER. TARRAGONA RUTA DE LAS TRES TORRES. PARQUE NATURAL DEL DELTA DEL EBRO. TARRAGONA


Estoy estos días de Escapada por el Delta del Ebro en Tarragona. Me apetecía este paisaje me encanta. Además tenías ganas de esperar a la primavera sentado en la arena del Delta observando aves.

La mañana se ha levantado con bruma, mucha niebla. La bici parecía no querer avanzar entre la tierra húmeda. Ayer cuando llegue, vi los campos yermos del invierno, muertos y vacíos de arroz, apagados de salud. Pero sabía que en cuanto comenzará mi recorrido en la bici, los campos recobrarían la vida.

Amanecía y la humedad se quedaba enganchada en mis gafas. He partido desde la Ermita de la Aldea. Mi objetivo recorrer las torres defensivas mejor guardadas del parque y después por el gr92 paralelo al Canal de Delta, llegar hasta la Bahía de Amposta.

Estas torres defendieron el Delta y sus poblaciones de los ataques piratas durante muchos siglos, hoy las recuperan para disfrute de los turistas y visitantes. La de la Aldea está junto a la  Ermita de Santa Maria. Esta Ermita se edifico en 1091 para una pequeña población cristiana que vivía en estas tierras musulmanas. Hoy la población de La Aldea, venera la pequeña imagen de la virgen que encontró un pastor (como siempre) y que les sirve de guía y amparo. Daban las ocho en el reloj de la ermita cuando me pare a tomar algo después de varios kilómetros.

El camino que va buscando el canal pasa por varias masías. El Más de Bernis es un buen lugar para descansar, sin pretensiones, apartamentos dentro de una masia antigua. Quizás algo caro, pero un buen lugar para despertarse con el canto de los pájaros en mitad del delta. Limpio y su dueño, Albert, una persona muy amable. http://www.masdebernis.com/


Cruzamos el canal buscando la otra torre, la de la Candela, que dista de la primera unas 5 kilómetros. Altiva, inhiesta, entre campos que en este mes florecen de alcachofas. Unos carteles nos indican el recorrido, unos tres kilómetros más para llegar a la tercera y última torre, la de Burjasenia. El día amanece del todo, la niebla me cansa la vista pero le da al primer día de la primavera aun tono gris bucólico que me encanta.



Vuelvo por mis pasos y ahora cojo el canal de nuevo.  Las tierras yermas de invierno y cansadas de silencio que vi ayer, se enaltecen desde la cercana montura de mi bici. Dejo a mi paso cultivos de alcachofas donde las aves trinan si parar, perros que ladran en las masías y saludan mi presencia, el canal que, lleno de vida, regurgita sonidos, las garzas graznan en el aire, las gaviotas se persiguen, las cabecinegras a las patiamarillas…, la sinfonía de la mañana se levanta con el ruido de mis ruedas pisando el camino.

Dejo atrás la Aldea, los ligallos, Camarles y por fin huelo al mar de la bahía del Fangar. Las luces de L’Ampolla se apagan en la mañana…, huelo pero no veo el mar. La niebla me lo impide. Oigo en sus seno las bandadas de flamencos que saludan al nuevo día, oigo como sopla un ligero Garbi y mece las olas, oigo mi corazón que palpita pero… no veo el mar.

Regreso, no mustio, por que se que en cuanto levante la niebla veré el mar y las aves, regreso porque oigo el tractor que arranca, sigo el ruido por la bahía y le veo. Detrás de cada tractor existen mil almas que lo empujan, el alma de los campesinos nobles que levantan con sus manos cada mañana el sustento de muchos y detrás de cada tractor, como almas blancas, se acumulan las aves para dar buena cuenta de todo lo que la tierra les regala.

Esta ruta son un par de horas y media que merecen la pena hacer en primavera.

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