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domingo, 11 de octubre de 2009

TOURING. LA CONCHA-PASAIA-JAIZKIBEL-HONDARRIBIA. DONOSTIA


Salir a primera hora de la mañana de la Playa de la Concha, cuando el sol apenas se asoma por encima del Monte Igueldo y los primeros madrugadores corren por la rubia arena, es todo una gozada. Esta paseo es de los más transitados por caminantes y "fottineros", en el otoño donostiarra. Atravesamos una Donostia, todavía dormida, con las calles en sombra y salimos buscando el viejo puerto de PASAIA. A la derecha dejaremos el templo de la cocina vasca, ARZAK, cuna de grandes fogones y mejores manjares.


Ya vivi PASAIA en época de grandes huelgas, caldo de cultivo para violencia sin sentido, cuando la crisis de los ochenta con el desmantelamiento de los astilleros. Hoy la ciudad nos recibe tranquila y con el puerto en calma. Los jóvenes se entrenan en sus traineras, quien sabe si soñando ganar algún día la Bandera de la Concha. Una barca nos cruza hasta DONIBANE  y allí, paseamos entre casas de piedra y olor a pescado. Pueblo turistico resguardado del bullicio por una ría. Se puede llegar por carretera dando una gran vuelta o cruzar el puerto en la barca. Sentando en su plaza consistorial disfrute de un zurito pensando en la maravillosa quietud que debió acoger a VICTOR HUGO, cuando escribió aquí «(...)De pronto, como por encanto, el decorado cambió y apareció ante mí un espectáculo maravilloso. Una cortina de altas montañas verdes recortando sus cimas sobre un cielo resplandeciente. Al pie de las montañas, una fila de casas estrechamente yuxtapuestas (...). Una vida, un movimiento, un sol, un azul, un aire y una alegría inexpresables. He aquí lo que tenía delante (...). La bahía se alegra con las navecillas de las barqueras que van y vienen sin cesar y se dan voces de un extremo al otro del golfo con gritos que se asemejan al canto del gallo. Una vez en tierra, tomé la primera calle que se me presentó. Aquí, una nueva sorpresa. Nada es más risueño y más fresco que el Pasaje visto desde el lado del mar. Nada es más severo y más oscuro que el Pasaje visto desde el lado de la montaña».

De regreso a la carretera enfilamos la serpiente de Jaizkibel, la montaña añorada, ya la recorrí otras veces, pero esta vez la veo con ojos nuevos. Uno va senperteando y divisando los torreones Carlistas hasta llegar a su cima. Allí, agarrados de la mano, los enamorados pasean entre ovejas de raza latxa y caballos. La arcada, un muro de piedra con cuatro arcos, es prácticamente todo lo que queda de lo que fuera Parador Provincial de Turismo hasta el año 1999. Desde esta cima contemplamos el Cántabrico a un lado y hermosas vistas de los montes de Aiako Harria/Peñas de Aia y Larrun sobre el corredor Hendaia-Donostialdea. Cerca tambien encontramos el  Dolmen de Iskulin.

Bajamos dejando acantilados colgados de la montaña ambos lados de la carretera, miradores imposibles de un mar de costumbre agitado. Abajo nos espera Hondarribia, villa marinera y gatronómica.


En su puerto,  las pequeñas barcas se mecen tranquilas en el claoroscuro de las nubes. En sus calles, la lluvía tardía pero presente, moja el pavimento y da la imagen bucólica de este transito en coche. Hondarribia situada a los pies del Monte Jaizkibel, (el más alto de la Cornisa Cantábrica), se siente siempre bañada por el Mar Cantábrico,  pero en la tranquilidad que le da la  Bahía de Txingudi que se forma en la desembocadura del río Bidasoa. Hondarribia se manifiesta como frontera con nuestros vecinos franceses y un lugar ideal para una escapada romántica y de acuarela.

3 comentarios:

  1. Tu comienzo es muy poético:"cuando el sol apenas se asoma por encima del Monte Igueldo"
    Joder, los vascos vamos al revés pero aún no hemos conseguido que el sol salga por donde se mete, jajajajajajajajajajajaajja.

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  2. no hay nada peor que un navarro jodelón como diría un cubano, pero si tu solo has ido¡ a donosti a mojarte el culo, que sabrás de soles... y además menos sabes de literatura que es una expresión culo mojado

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  3. ¡No te piques! Que sólo era para darle un poco de vidilla a tu publicación jajajajajaja
    No sabes tu bien lo que conozco este pueblo, hasta sé por donde sale el sol jajajaajaajaja
    Tienes razón, de literatura de ficción poco sé jajajajajaja

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